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El Helicoide: la memoria frente al olvido

Exdecanos y profesores de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela denuncian el intento de convertir El Helicoide en un “centro cultural y recreativo”. El edificio, proyectado en los años cincuenta como ícono de la modernidad venezolana, terminó convertido en uno de los centros de detención política más temidos del país, escenario de denuncias persistentes de torturas y graves violaciones de derechos humanos. Proponen, en cambio, preservarlo como lugar de memoria.

Paolo Gasparini. Roca Tarpeya, remoción topográfica. Construcción El Helicoide. circa 1956. Colección Fundación para la Cultura Urbana. © Derechos Reservados.

El Helicoide nació como un sueño de modernidad. Concebido a finales de los años cincuenta como el centro comercial más audaz de América Latina, la espiral de concreto de la Roca Tarpeya, en Caracas, terminó convertida, décadas después, en uno de los centros de detención política más temidos de Venezuela, escenario de denuncias reiteradas de torturas y abusos.

Ante recientes anuncios oficiales de remodelarlo para convertirlo en un complejo cultural y recreativo, diversos académicos advierten que tal iniciativa podría borrar las huellas de un pasado reciente marcado por abusos y torturas. Siguiendo ejemplos internacionales -como el de Robben Island en Sudáfrica o el sitio de memoria de la ESMA en Argentina- proponen preservar el edificio como museo y espacio de memoria histórica.

A continuación publicamos el documento íntegro.

Preservar El Helicoide

Robben Island, el siniestro recinto carcelario donde Nelson Mandela y muchos otros luchadores sudafricanos contra el apartheid pagaron largas penas y sufrieron toda clase de torturas y maltratos, fue declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1999, ordenando en consecuencia su preservación integral. Tal decisión se fundamentó en el hecho de que sus edificios, además de dar testimonio elocuente de su sombría historia, simbolizan el triunfo del espíritu humano, de la libertad y de la democracia sobre la opresión.

Entre nosotros el Helicoide de la Roca Tarpeya, celebrado mundialmente en la década de 1950 como obra arquitectónica de vanguardia, terminó, con el sedicente Socialismo del siglo XXI, convertido en tétrica prisión para disidentes políticos, testigo de los abusos más horrendos e incluso de muertes bajo custodia. Pero ahora, sorpresivamente, las autoridades de turno, que en más de un cuarto de siglo de dominio apenas han construido algún hospital y quizá ninguna escuela, ordenan su acelerada remodelación para transformarlo en “centro cultural y recreativo”. 

Por supuesto, no hay que ser muy sagaz para entender que lo que está por detrás de tanto entusiasmo es, en realidad, la necesidad perentoria de borrar las huellas del delito: quienes controlan hoy las palancas del poder son exactamente los mismos que decidieron convertir en lugar de todos los horrores, de la aplicación de los métodos más viles para acallar las voces de la disidencia, al esqueleto del edificio que no llegó a ser.

En Argentina, la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), otro teatro del horror, quiso ser demolida en 1999 por orden del presidente Carlos Menem para crear “un monumento para la reconciliación y la unión nacional”, pero madres y familiares de las víctimas lo impidieron recurriendo a amparos judiciales; en 2004 fue declarada monumento nacional y en 2023, por las mismas razones que Robben Island, la UNESCO la incorporó al Patrimonio Mundial como Museo y Sitio de la Memoria.

Al igual que en Sudáfrica y Argentina, el Helicoide no es el único lugar donde el venezolano de estos oscuros años ha sido torturado y humillado hasta los extremos más inverosímiles, pero es, sin duda, el más emblemático. Preservarlo servirá no sólo para custodiar las pruebas de los graves delitos cometidos; como museo de la memoria servirá también de advertencia a las futuras generaciones sobre las consecuencias que comporta el abandono de los principios más básicos de la democracia. Por ello quienes suscribimos, exdecanos y profesores de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela, exhortamos a las universidades y a las instituciones de la sociedad civil a movilizarse para impedir la manipulación de un testimonio histórico de alto valor, alertando a la vez a los colegas para que no se dejen involucrar en una operación que conspira contra las aspiraciones de reconciliación entre los venezolanos: ella debe basarse en la reconstrucción rigurosa de los hechos y la identificación de los responsables, jamás en un olvido que nunca será capaz de aplacar el comprensible resentimiento de las víctimas y sus allegados.

Guillermo Barrios, Decano 2008-2014
Azier Calvo, Decano 2002-2008
Alfredo Cilento, Decano 1984-1987
Américo Faillace, Decano 1975-1978
Gustavo Izaguirre, Decano 2014-2023
Marco Negrón, Decano 1990-1996
María Isabel Peña, Directora IU 2006-2014
Leopoldo Provenzali, profesor EACRV, Presidente IPC 1999-
Álvaro Rodríguez Muir, Director EACRV 1987-1990
Henrique Vera, Director EACRV 1984-1987

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