Canción de pájaros en una mañana de Gloria Martín. Ética, estética y responsabilidad de la cantoría venezolana
La muerte de Gloria Martín reabre el debate sobre la llamada cantoría revolucionaria o canción de protesta en Venezuela. El legado de Martín como figura clave del movimiento se muestra aquí atravesado por el compromiso político, la tensión entre arte y militancia, y las contradicciones de la izquierda cultural. Entre la Nueva Canción, la institucionalización y el silencio ante las crisis recientes, su trayectoria condensa tanto la épica como los límites de una generación de artistas cuya influencia hoy es objeto de revisión crítica.
A Argenis Arellano y Darwin Dikó Cañas, dedico.
Un mensaje bien temprano desde Punto Fijo, por parte de Simón Petit, me anuncia el lunes 20 de abril la muerte en Caracas de Gloria Martín. ¿Y quién es Gloria Martín? Preguntarán muchos en tiempos de muestreo incesante, memoria instantánea, redes sociales emitiendo noticia tras noticia sin respiro.
Gloria Martín fue una cantante venezolana nacida en España en 1945, que comenzó su carrera en Radio Caracas Televisión en 1970 en el programa de Renny Ottolina, y como joven compositora para figuras estelares de la radio y televisión de entonces como Charito y Raquel Castaños, pero en especial para Mirla Castellanos.
Inició en concierto en enero de 1970 en el Hotel Caracas Hilton, como figura acompañante del músico norteamericano Steve Wonder, en espectáculo producido por Enzo Morera. En la edición del 4 de septiembre de 1970, la revista Élite contiene la sección “Antena”, suscrita por Nancy Soto, quien señala:
Sin querer exagerar de nacionalista, tenemos que admitir que cuando se disfruta de un espectáculo con figuras venezolanas nos embarga una satisfacción. Como muestra de que hay material y personal suficiente para hacer un show completo con nuestras estrellas, Renny Ottolina, en reciente programa nos lo demostró. Gloria Martín, Mirla Castellanos, Raquel Castaños, Germán Freites, Ivo, Nancy Ramos y Joel Pineda. Por algo será que este señor se le admira en el país (Nancy Soto. “Antena”, Élite, Caracas, 4 de septiembre de 1970, p. 33).
Así, esta etapa de la carrera de Gloria Martín puede seguirse en publicaciones como las revistas Momento y Élite, y el periódico El Nacional. También en grabaciones de «El Show de Renny» en los archivos de RCTV.
Tiempos de rebeldía, de disturbios en las universidades, represión estudiantil y allanamiento a la Universidad Central de Venezuela, sacudida de la izquierda cristiana, protestas del Poder Joven, escenificaciones del teatro contestatario de Antonio Constante en el Ateneo de Caracas, pacificación del Partido Comunista y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, agonía de las guerrillas, migración colombiana al país, agitación en la Iglesia con los ecos de la Teología de la Liberación, emergencia pública de otredades sexuales, tensión en las fronteras con Guyana.
La periodista Norma Orta la entrevistó en esa época para la revista Páginas, junto a Billo Frometa, Chelique Saravia, Hugo Blanco y Belén Lapscher. Expone allí la compositora:
Para hacer una canción lo que se necesita es decir algo, tener sensibilidad ante una cosa determinada y también experiencias instantáneas o de toda la vida. El momento especial para componer una canción es a través de la emoción y en base a un requerimiento interior. Las canciones que dicen las realidades y surgen de mis propias experiencias. No considero mis canciones como un éxito, sino como un conjunto de las cosas que yo siento y deseo que lleguen al corazón de la gente. No tengo interprete, mis canciones son para que el pueblo las cante, porque es el ser humano en todas sus manifestaciones mi mayor estimulo” (Norma Orta. ¿Qué inspira a los compositores? Páginas, Caracas, 13 de enero de 1973, p. 19).
Participante en Festivales de la Canción de México, Argentina y Brasil, de ella escribió Mirla Castellanos en su cuenta de facebook:
Hoy 20 de Abril 2026 fallece en Caracas la gran compositora, cantautora y amiga Gloria Martin. Una mujer única. De gran talento. En la década años 70 se presentó en mi casa con una guitarra y me mostró sus letras. Grabé BATE PALMAS. Viajamos a Buenos Aires de gira. Hizo una carrera muy interesante. La inició en 1969 y se presentó en diversos festivales en América (Cuenta de facebook de Mirla Castellanos, 20 de abril de 2026).
Distanciada del circuito comercial, Gloria Martín se comprometió políticamente a mediados de los años setenta con Douglas Bravo, Argelia Melet, Francisco Prada, Jesús «La Bruja» Márquez, Cléver Ramírez, Ramón Morales Rossi y otros en el movimiento político Ruptura, estructura legal del Partido de la Revolución Venezolana-Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (PRV-FALN), órgano de guerrilla de izquierdas desde 1966, destacándose principalmente en acciones de solidaridad con los presos políticos. Así la reconoce el activista y ex-guerrillero Diego Salazar en el libro Después del Túnel (Caracas, Editorial Ruptura, 1975). De República Dominicana fue expulsada en 1972 y en El Nacional, Pedro León Zapata, le dedicó uno de sus famosos dibujos.

De 1973 es su disco con Mercedes Sosa Si se calla el cantor, para Philips, Venezuela. El lado A con canciones y palabras de la reconocida cantora argentina y el B con canciones y palabras de Martín. De ese mismo año es el Boletín de Música de la Casa de las Américas, de Cuba, donde aparece la entrevista que le hicieron integrantes del Instituto Venezolano-Cubano de la Amistad. Allí expresó:
Creo que entre el artista y el tiempo que vive tiene que existir una comunicación total. Los tiempos de cantarle a la flor, al llano, a la ola que se rompe contra la playa, y todo ese tipo de metáforas, por decirlo de alguna forma, porque creo que no son metáforas sino lugares comunes, han pasado poco. Tenemos un tiempo tan exigente, tan apasionante, que el espíritu creador no puede mantenerse al margen de estas motivaciones. Pienso que el cantor debe ser expresión de su tiempo, la expresión de su pueblo, y colaborar en la medida en que pueda a la elevación del nivel cultural de ese pueblo, y de todos nuestros pueblos, de todo el continente latinoamericano (Entrevista con Gloria Martín. Boletín de Música de Casa de las Américas, N° 36, La Habana, 1973, p. 13).
Sin embargo, en las producciones de 2009 de Mercedes Sosa, tituladas Cantora -donde hace recuento de cercanías y afinidades, entre otros con Caetano Veloso, Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat, Shakira, Víctor Heredia, Fito Páez o Lila Downs- no se buscó a Gloria Martín, sino a Franco De Vita, tenaz crítico del proyecto chavista. Raro en una trovadora, emblema de la izquierda latinoamericana, quien grababa para Sony Music Entertainment.




Para marzo de 1974 Gloria Martín realizó un recital en el Ateneo de Caracas junto a Mercedes Sosa; y en septiembre del mismo año fue la figura venezolana en el concierto de la cantante norteamericana de folk Joan Báez, producido por María Gómez y celebrado en el Estadio Universitario de Caracas. En esos años iniciales su representante era Gómez, quien se destacaría posteriormente en el país como promotora de artistas como Juan Gabriel y Rocío Dúrcal, y a quien ella dedica el tema «La soledad de María» incluido en sus primeros discos.
Gloria Martín dedicó su intervención a los exiliados chilenos, a los presos políticos del país, a los damnificados y a los estudiantes de veterinaria de la Universidad Central de Venezuela (UCV), por entonces en huelga ante reclamos no atendidos. La periodista Edith Guzmán reseña su actuación con cuestionamientos directos al presidente de la república y al gobernador Diego Arria, quien acompañado del canciller chileno Orlando Letelier, se encontraba entre el público (Edith Guzmán. “Telebridades. Gloria Martín, agresividad innecesaria”. El Nacional, Caracas, 28 de septiembre de 1974, p. B-15).
En eventos patrocinados por la Fundación para la Cultura y las Artes (FUNDARTE), adscrita a la Alcaldía del Municipio Libertador, y el Concejo Nacional de la Cultural (CONAC), se presentó en el Poliedro de Caracas, en mayo de 1978, junto a Mercedes Sosa, Lilia Vera y Joan Manuel Serrat. A finales de noviembre de 1979 participó, con sus canciones nuevas, en el acto público en Coro, de integración de Douglas Bravo y otros guerrilleros del PRV-FALN a la vida legal, “amenizó la jornada, conducida, finalmente, por Julio Cabello y Diego Salazar”. Y aunque pertenecía al “Frente Cultural” de Ruptura-PRV, ese mismo año se distanció de la organización y se mantuvo desde entonces sin militancia activa en partidos (El Nacional, Caracas, 20 de mayo de 1978, p. C-12; Ángel Ciro Guerrero. Entrevista exclusiva con Douglas Bravo en la sierra de Coro. Momento, 1.219, Caracas, 3 al 10 de diciembre de 1979, p. 6).
La Presidencia de la República y el Ateneo de Caracas produjeron en 1983, como parte de las actividades del Bicentenario del Natalicio de Simón Bolívar, su ballet-drama Manuela, con música de Aldemaro Romero y Zhandra Rodríguez como bailarina principal. Escenificado en el Teatro Teresa Carreño, con puesta en escena de Ibrahim Guerra y dirección general de Carlos Giménez. Pareciera haber contado con apoyos oficiales, pareciera que no era tanta la persecución a su canto, como en algunos nichos se difunde.
Ese mismo año de 1983 participó en una actividad denominada Juguemos a ser libres, celebrada en Cabure, estado Falcón, y organizada por Douglas Bravo y otros. Allí cuestionó al liderazgo del encuentro –un sucedáneo del Encuentro Cultural de Cabimas de 1970- por las manifestaciones de desorden y consumo de drogas en plena calle ante los pobladores tradicionales del pueblo serrano. Característicos desempeños de parte de nuestra izquierda que entendió desde hace mucho irresponsabilidad, impuntualidad, embriaguez, procacidad, informalidad y ligereza como valores propios.
Autora en 1985 del poemario Versos de un o sea no pacífico, compañera entrañable de Alí Primera en la creación del sello discográfico Cigarrón y en sus programas-conciertos de la Canción Solidaria, de la década de los ochenta, El Nacional reprodujo sus sentidas palabras en el velatorio del cantor en el Aula Magna de la Ciudad Universitaria en febrero de 1985.
Seguidamente, en 1986, se unió al compositor y arreglista Pablo Manavello, productor para Sonorodven, segmento discográfico de Empresas Cisneros, dueños del Canal de Televisión Venevisión. Compuso para Manavello los temas de su disco En concreto; volvió a componer para Mirla Castellanos -esta vez la mayoría de temas de su Lp Amo este amor, con canciones como «Vida mía», «Jhony, Jhony», “Mientras te olvido”, «Paredes», «Okey», «Basta» y «El Coleccionista»-, así como para Melissa, canciones para su disco Noche sin fin, banda sonora de la película La Generación Halley, entre otros «A punto de Caramelo» y «Una especie en extinción», tema de la telenovela Y la luna también de César Miguel Rondón.
Con Manavello produjo para finales de 1987 el tema para Los Líderes de Sonorodven, titulado «Corre la voz», grabado por Ricardo Montaner, Kiara, Mirla Castellanos, Paul Gillman, Mirtha Pérez, Amílcar Boscán, Frank Quintero, Jorge Rigó y Karina, entre otros. En 1988, la cantora ejerció acciones legales contra el Comando de Campaña de Carlos Andrés Pérez al considerar se utilizaba su composición en uno de los temas promocionales de la candidatura a la reelección bajo el título “Hay un hombre de futuro”.
También entre los intérpretes de Gloria Martín figuran la propia Mercedes Sosa; Claudina y Alberto Gambino; Los Cantores de Quilla Huasi; Los Salteños; la folclorista mexicana Amparo Ochoa; Doris Eugenio, quien fuera destacada corista de la orquesta de Willie Colón; la cantautora brasileña nacionalizada mexicana Denisse de Kalafe, y el galán de telenovelas Carlos Mata, entre otros.
Pedro Chacín la entrevistó en 1992, a propósito de una serie de conciertos en el Teatro Teresa Carreño junto a Joan Manuel Serrat. Allí decía: «Siempre andaré en busca del paraíso perdido, aunque se hayan derrumbado muchos de los referentes ideológicos que nuestra generación tenía« (Pedro Chacín. “Conspiro con un bolero”. El Nacional, Caracas, 24 de septiembre de 1992, p. B-Farándula).
Licenciada en Artes por la UCV en 1983, con la tesis «A la izquierda de la cultura. Venezuela, proceso década 60», elaborada en unión a María Fernanda Madriz. Posteriormente, fue profesora de esa escuela y escribió varios artículos para la revista del ININCO. Doctora en Historia por la misma universidad, escribió también Metódica y melódica de la animación cultural (1992) y De los hechizos de Merlín a la píldora anticonceptiva (1994). En 1998 se editó su trabajo El perfume de una época, su reconstrucción sobre el movimiento de la Nueva Canción o Canción Protesta en Venezuela, donde analiza el fenómeno y entrevista a Alí Primera, Soledad Bravo, Lilia Vera, Los Guaraguao y el grupo Ahora, además de animadores y con-hacedores como Luis Cipriano Rodríguez, Aquiles Nazoa, Pedro León Zapata y Luis Brito García.
Detenida en 1976 como parte de las averiguaciones del caso de secuestro del industrial norteamericano William Frank Niehouse, por las organizaciones Comandos de Revolucionarios y Liga Socialista, su canción-denuncia «Tonada a Jorge Rodríguez», -«De abajo vienen los golpes y de arriba la instrucción, también se supo que a golpes le abrieron el corazón. Y ese corazón abierto es nuestra mejor escuela, en él se aprende la historia, la historia de Venezuela«- fue entonada muchas veces en el Cementerio General del Sur, en Caracas, y también en el Congreso Nacional. Sus hijos, los de Jorge Rodríguez, han sido muy cercanos a ella y figuras claves en los últimos 26 años de este país de «dispare primero y averigüe después» al que ella tanto cantó.
Dirigente del Sindicato de Artistas de la Radio y la Televisión, el cineasta venezolano Freddy Siso grabó su testimonio en Mérida en 1981, para el Departamento de Cine de la Universidad de Los Andes, en un documental titulado Algunos cantantes, algunas canciones, junto a Serrat, Mercedes Sosa, Pablo Milanés y Lilia Vera. Expresión de la unidad entre Universidad e izquierda venezolana y latinoamericana, y de la influencia de la Nueva Canción en nuestros centros de estudio.
Los testimonios por ella recogidos en su texto El perfume de una época (La Nueva canción en Venezuela) (1998), evidencian que no había una cantoría comprometida con el proyecto liderado por Hugo Chávez en la década de los noventa. Su escrito pretende homogeneizar todo un periodo, pero las fuentes no alcanzan al propósito. Esa canción no pudo apoyar al movimiento militar-cívico, pues estaba sumida en una “catástrofe tensional”. A lo cual, seguramente contribuyó el deceso, en un accidente automovilístico, de su principal líder y promotor a mediados de la década anterior.
Introspectiva, nada festiva, decodificadora del lenguaje, de versos y frases rebuscados e intencionalmente intelectualizados, ¿Puede considerarse a Gloria Martín como una cantora del pueblo? ¿Expresión que se une al gozo, demandas o vivencias de las clases depauperadas del país, tal como lo establece el estatuto del cantor forjado en las discusiones de los años sesenta? ¿Una voz a escuchar en programas de variedades en Radio Rumbos?
Entre sus grabaciones figuran: 1. 1969. Así que fácil es/ La poesía hecha canción. Velvet; 2. 1970. Gloria Martín, Vol. II. Philips, Venezuela; 3. 1972. En concierto. Philips, Venezuela; 4. 1973. Mercedes Sosa y Gloria Martín. Si se calla el cantor. Philips, Venezuela; 5. 1973. Mi riqueza es la alegría. Philips, Venezuela; 6. 1974. Para este país. Cigarrón, Venezuela; 7. 1976. Cantata a Fabricio Ojeda. Ruptura. Caracas; 8. 1976. Cantos de lucha de Venezuela. Discos Nueva Cultura Latinoamericana, México (Compilación); y 9. 1977. La ternura al viento. Cigarrón, Venezuela. El interés de Velvet o Philips en grabar esta música irreverente y cuestionadora evidencia que la canción protesta vendía en un país en plena bonanza de la renta petrolera.
Cercana al proyecto chavista y a varios de los nichos de la izquierda venezolana disgregada, a inicios de los dosmil sus amigos, liderados por Alberto Tirso -alias del exguerrillero Tirso Meléndez- publicaron con auspicios de PDVSA La Estancia un libro homenaje con textos de Carlos Danez, Rafael Cordero, Darwin Cañas, Gustavo Hernández Díaz y Alberto Tirso, que contiene también testimonios de Rafael Cadenas, José Balza, Alí Primera, Ángel Eduardo Acevedo, Roberto Todd y Goyito Yépez; también entrevistas y letras de sus canciones.
En 2019 el Ministerio de Cultura, en acto presidido por Ernesto Villegas, le concedió el Premio Nacional de Cultura por su trayectoria. Con apariciones cada domingo en el programa de Radio Nacional de Venezuela, conducido por Lilia Vera –ella también condujo programas de radio como El cantar de los cantores en Radio Oriente y Radio Tropical-, en los últimos años fue cercana también a figuras como Lil Rodríguez y La Chiche Manaure. Rodríguez hace la presentación de su último libro Fémina. Versos de la nieta del panadero (Andares, 1985-2025) de Editorial Trinchera, de reciente aparición.
Identidad que no levantó bandera ni buscó vitrina, pero que latió con igual verdad. Una verdad que no quiso reivindicar, libertad auto-censurada. Amores sin pancarta y sin escaparate, discretos como la sombra, firmes como la raíz. Afectos que no marcharon ni se anunciaron, amores que habitaron en voz baja y a contra reloj. Subjetividades que no se inscriben en la militancia ni en la exhibición, pero existen con plena legitimidad en la intimidad de lo vivido. Sus metáforas no sirvieron para cantarla. Javier Álvarez ya me lo decía en 1991, el día de su fallecimiento me lo ratificaba Simón Petit. Allí quizás una clave honda para entenderla. Su canción “País Cultural” contiene un terrible, degradante, cruento ataque a la homosexualidad, que hoy no pasaría desapercibido. Tal como los grotescos insultos del 19 de abril de Carlos Baute en Madrid.
Los medios de Telesur informan que “La Voz Mayor de la Cantoría necesaria ha partido físicamente a los 81 años desde Caracas, ciudad a la que convirtió en un reducto de amor y resistencia”. Extrema, irregular, apasionada, tierna-hosca, su trayectoria da cuenta de sus vaivenes. Soberbia y amorosa, difícil e inteligente. Sensible, comprometida, trabajadora. Radical y sinuosa. Entre Alí Primera y Renny Ottolina, entre Lilia Vera y Melissa, entre El Chino Valera Mora y Pablo Manavello.
¿Fue Gloria Martín una cantante y compositora popular? Habría que conocer la audiencia de sus temas en las voces de Charito a finales de los sesenta o de Las Cherris –trío de chicas presentadas en el programa estelar de Venevisión, Sábado Sensacional– a inicios de los dosmil. Su Cantata a Fabricio Ojeda, producida por Editorial Ruptura, es un trabajo de culto para sectores politizados de clase media. Temas como “Me haces falta” tienen letra y sonoridad de una Raquel Castaños en los primeros setenta, pero otros como “Así que fácil es”, “El hombre aquel”, “Bachilleres”, “Ciudad Universitaria” o “Presos pero irreductibles” son directamente dirigidos al público universitario, un nicho de gran importancia por el aumento de la matricula entre los setenta y los noventa.
Entre Alí Primera y Renny Ottolina, entre Lilia Vera y Melissa, entre El Chino Valera Mora y Pablo Manavello.
Su canto es una época. Una fotografía reciente la muestra con su brazalete tricolor de las FALN. Manía persecutoria, insolencia disfrazada de aplomo. Dueños de la única verdad posible, incapacidad de la autocrítica y del reconocimiento de errores terribles que tanto daño hicieron. El panfleto también es responsable. No intentaré poemas subversivos, «Llueve, llueve sobre lo llovido». Entre su «País Cultural» y su “Oda a mi pantaleta rosada”, yo prefiero «Cuanto trabajo» y «Volverán», «Coplas de la pistola», «Vale la pena», «Sagrario abierto», «Canción de alguien que no quería marcharse», «Mujer», “Dame lo mío”, «De dignidad se trata»… Añoranza de un tiempo perdido, registro de una épica.
Canto de una generación -ya gastada- que sigue reivindicado sus legados, hermosos y justos, pero también fracasados y degenerados. Cedidos por treinta denarios a un caudillo militar. La izquierda venezolana ya no es estímulo para las grandes mayorías de jóvenes del país. Nadie quiere ser el Che, ni tomar el cielo por asalto. Salvo aquellos afiliados al partido y organizaciones de un régimen de casi tres décadas. La mayoría de la juventud rechaza los símbolos que fueron enarbolados en los años sesenta en el fragor de la lucha universitaria. El chavismo enterró las utopías, las banderas roji negras y al hombre nuevo.
Ella, la cantora, nada pronunció ante los nuevos presos políticos -como si los únicos en valer fueran los subversivos de izquierda-, ni ante el cierre de RCTV, la demanda a El Nacional, la persecución al Ateneo de Caracas o el acoso y quiebre de las universiaddes, espacios donde su hacer fue recogido y proyectado ampliamente. Para Gloria Martín no hubo represión ni exilios que no fueran los que ella padeció y compartió en los setentas. La «Romanza del gorila» también podía cantarse a los que decretaron reelecciones indefinidas, promulgaron leyes de odio, dictaron encarcelamientos en La Tumba y El Helicoide. «De dignidad se trata, si, de dignidad». La tortura y la impunidad son asuntos de humanidad, no de partidos. No hay amnistía que borre tanto sufrimiento ante el cual no hubo canción de reclamo, de denuncia. Esos corazones abiertos también enseñarán la historia de Venezuela.
Muchos la consideran la Madre Cantora, símbolo de una izquierda que habrá de reflexionar sobre su contribución en los hechos y calamidades padecidos por el pueblo venezolano en las últimas décadas. La desnutrición, el hambre, las calamidades cotidianas, el exilio, la emigración forzada por falta de oportunidades laborales, la muerte lejos de los familiares, la corrupción ostentosa, la injusticia prodigada desde el poder a manos llenas… ¿Dónde están esas canciones? ¿Quién las canta?
El Padre Cantor murió en 1985, así que los cargos para él serán menores.
La grosería ataviada de rebeldía e irreverencia, de consecuencia y altivez no es excusa. La canción que se prestó al vandalismo y el silencio que fue cómplice del abuso, también son responsables.
«La verdad que no es asunto de edad, de dignidad se trata, si, de dignidad. El hombre es trigo caliente, golondrina y campanario, todo hombre es inocente si no prueban lo contrario… Que estoy abrazando al sol para hacerme solidario, en cambiar este sistema policial-penitenciario. Que si mi canto es de luz, tal vez les pueda llegar…«
Pueden seguir anclados en un tiempo que pasó. Pueden repetir canciones y lemas como los rezos de una religión arcaica, como si la ternura y la pureza los rodeara. Pueden vivir en su nicho de antiguos camaradas y compañeros, como si no se hubieran prestado a cohonestar las mismas tropelías que tanto criticaron. Las nuevas generaciones sabrán hacer lecturas.
Gloria Martín desapareció hace muchos años en un conveniente exilio del cual emergía para recibir premios y participar en actos evocativos de una izquierda que nunca llegó a ser casa de mayorías. Quedan sus legados, en canto, palabra y hechos.
No exalto sus letras desafortunadas, algunas con brillo y muchas con opacidad, su canto es una melancolía que ya debe morir… que entre todos debemos superar. Un epitafio necesario ante tantos desaciertos de la izquierda venezolana y latinoamericana. Valorar en justicia un momento y unas luchas, pero superarlos. Y ojalá las canciones de Gloria Martín sean recuerdo y buen aroma de su tiempo, franco, hermoso y violento. ¿Qué será de ese estandarte político-ideológico en el país después de 26 años de chavismo? Los adeudos de todo lo sucedido también cuentan en el haber de esa canción.
No hay solo blancos y negros, los matices del gris deben servirnos para llegar a comprenderla. Este país, suyo y nuestro, nos sigue doliendo adentro.
Isaac López
21 de abril de 2026.
©Trópico Absoluto
Fuentes
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Testimonios personales:
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Conversación por chat de facebook con el músico Alí Agüero, 1° de octubre de 2013.
Conversación por chat de facebook con la promotora María Gómez, 08 de agosto de 2019.
Conversación telefónica con el poeta Simón Petit, 20 y 22 de abril de 2026.
Isaac López (Coro, 1964) es Licenciado en Historia por la Universidad de Los Andes (Mérida, Venezuela) y Doctor en Historia por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas). Profesor titular de la Escuela de Historia, ULA. Articulista y reseñista en revistas de la especialidad, entre sus libros recientes figuran Tormentos y pasiones revolucionarias. Notas sobre las izquierdas venezolanas (2024), Mujer y Guerrilla en Falcón 1962-1972 (2024) y Guerrillas del Estado Falcón 1962-1972. Trazos para una biografía colectiva de la subversión de izquierda venezolana (2025).
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