/ Cultura

La moralidad no está en ti. Notas sobre los escritos morales de Émile Durkheim

En sus escritos sobre la moral, Émile Durkheim intentó desarrollar una concepción secular de la vida moral desligada de principios religiosos o entidades sobrenaturales. Este proyecto, basado en la idea de que la moral constituye un ámbito autónomo susceptible de comprensión racional, lo llevó a replantear la relación entre el individuo y la sociedad, así como el origen y la función de las normas morales. En este trabajo, Nikola Krestonosich analiza las principales ideas desarrolladas por Durkheim en L’éducation morale y «Introduction à la morale», prestando especial atención a los supuestos sobre la sociedad que subyacen a muchas de sus reflexiones morales. El trabajo sostiene que, pese a las reiteradas apelaciones de Durkheim al razonamiento científico y a la observación empírica, su idea de sociedad descansa en un conjunto reducido de observacio-nes sociales y en el uso de metáforas organicistas y cuasi religiosas que resultan difíciles de con-ciliar con sus pretensiones metodológicas.

Bárbaro Rivas. Riña de gallos. S/F

En sus escritos morales, Durkheim habla con el tipo de autoridad que nace de la convicción. Como todo gran pensador que se interesa en los problemas morales, su actitud es la de alguien que intenta transmitir la importancia de su objeto de estudio, y sus palabras están siempre investidas de gravedad y urgencia (EM, cap. 2, p. 19) (1). Este ethos es, sin duda, una de las principales razones por las que sus ideas sobre la moral resultan tan atractivas en una primera lectura. Sin embargo, una vez que este ethos pasa a un segundo plano y nuestra atención se centra en sus ideas propiamente dichas, es difícil no experimentar cierta perplejidad, ya que un análisis más detallado de estos escritos inevitablemente revela afirmaciones y hábitos intelectuales que parecen difíciles de conciliar entre sí.

Por un lado, lo vemos insistiendo (de manera persistente, algunos incluso dirían obsesiva) en la necesidad de una moral secular; pero, por otro, lo vemos hablando de la sociedad y de la moral usando las mismas expresiones que muchas figuras bíblicas emplean para hablar de Dios (2). Hay muchos pasajes en los que subraya la importancia de abrir la moral al razonamiento científico, sugiriendo que esto mejoraría tanto la comprensión común de la moral como el conjunto de normas que rigen la sociedad moderna (IM, p. 80). Sin embargo, hay otros pasajes en los que no parece considerar que la comprensión común de la moral sea algo que deba mejorarse y, en su lugar, presenta su proyecto como la búsqueda de una justificación racional o científica de dicha comprensión (EM, cap. 1, pp. 10-11).

Este trabajo busca desentrañar las ideas que Durkheim desarrolló en L’éducation morale y en «Introduction à la morale». Está dividido en dos secciones. En la primera, expongo las principales conclusiones a las que llegó sobre la naturaleza de la moral; en la segunda, evalúo algunas de sus ideas en torno a la sociedad que, si bien no están plenamente desarrolladas en estos escritos, tienden a funcionar como premisas ocultas de muchas de sus opiniones sobre la moral. No voy a decir que al final de este trabajo todo quedará completamente claro, pero sí que, al menos, se arrojará algo de luz sobre este aparente desequilibrio entre el ethos y las ideas morales de Durkheim.

I

Durkheim comienza su «Introduction à la morale» señalando los dos sentidos en los que suelen entenderse los términos “moral” y “ética” (IM, pp. 79-80). En un sentido, quizá el original o primario, estos términos se refieren a una forma particular de juzgar las acciones humanas. En el otro, se refieren al tipo de investigación que los filósofos llevan a cabo cuando dirigen su atención hacia esta forma de juzgar el comportamiento.

Aunque esta distinción sólo aparece explícitamente formulada en «Introduction à la morale», muy probablemente el último texto que escribió, todo parece apuntar a que el germen de esta idea ya estaba presente cuando Durkheim impartía sus lecciones sobre educación moral quince años antes.

En estas lecciones, Durkheim buscaba desarrollar sus ideas acerca de una moral secular, esto es, exponer las razones que sustentan una concepción de la moral desligada de las creencias religiosas, abordar las cuestiones teóricas que dicha concepción plantea y, en términos más generales, presentar la manera en que afrontó estas cuestiones y las nociones a las que llegó al hacerlo (EM, cap. 1). Sin embargo, la forma en la que estructuró estas lecciones sugiere un patrón que corresponde con la distinción que vemos en «Introduction à la morale». A todo lo largo de estas lecciones, puede verse que, en primer lugar, intenta explicar los rasgos distintivos de la moral y, en segundo lugar, procura liberar la reflexión filosófica en torno a la moral de las formas en las que tradicionalmente se ha llevado a cabo.

Tradicionalmente, la moral ha sido considerada como un producto de la religión, como si los deberes morales, aquellos que surgen de las interacciones entre los seres humanos, formaran parte de los deberes religiosos, es decir, de aquellos que nacen de la relación entre los seres humanos y la divinidad. En sus escritos morales, Durkheim se muestra oponiéndose a esta perspectiva, insistiendo en que los juicios y las normas morales constituyen un ámbito propio, independiente de cualquier creencia religiosa.

De hecho, todo su proyecto de establecer una moral secular equivale a una defensa sistemática de la tesis según la cual la moral constituye un ámbito autónomo que puede ser comprendido mediante la investigación racional (3). Para Durkheim, el fin último de la filosofía o de la ciencia de la moral es comprender qué significa que una acción sea moralmente buena, así como desarrollar métodos para formar seres humanos moralmente buenos sin recurrir ni a principios místicos ni a entidades sobrenaturales. Sin embargo, como mencioné antes, Durkheim también insiste en que los filósofos y científicos no lograrán este objetivo a menos que la reflexión moral se libere de los presupuestos por los que tradicionalmente ha estado guiada.

Las reflexiones de los filósofos sobre cuestiones morales pueden haberse originado a partir de distintas tradiciones y, en consecuencia, haber sido moldeadas por diferentes marcos conceptuales y expresadas usando terminologías heterogéneas. Pero, según Durkheim, a pesar de estas diferencias, las ideas de la gran mayoría parten del mismo supuesto: que la moral es la expresión externa de un principio interno. Poco importa si algunos filósofos hablan de un sentido moral análogo a los demás sentidos humanos, mientras que otros entienden la moral como una expresión de la naturaleza humana. Debido a este supuesto omnipresente, la gran mayoría de los filósofos ha escrito sobre la moral como si no hubiera ningún misterio acerca de lo que significa afirmar que una acción o un ser humano sea moralmente bueno y ha entendido, en consecuencia, la reflexión moral no como un proceso en el que paulatinamente se van descubriendo las características de una realidad desconocida, sino como una forma de meditación interior.

Cuando Durkheim afirma que la moral no será comprendida a menos que la filosofía moral se vuelva más «científica», no quiere decir que, para captar el significado de los hechos morales, la filosofía deba replicar las metodologías de las ciencias establecidas. Lo que quiere decir, más bien, es que la filosofía moral no avanzará mucho si los filósofos no comienzan a abordar las cuestiones morales con la misma disposición con la que abordan cualquier otro fenómeno natural. Lo que hace con esta afirmación es simplemente pedir a quienes se aventuren en este campo de investigación que reconozcan que son tan ignorantes acerca de este campo como de cualquier otro que aún no han estudiado, y que abandonen la suposición de que ya saben lo que van a encontrar o a qué conclusiones van a llegar (EM, cap. 4, p. 55; cap. 8, p. 116).

Una vez que se produce este cambio de perspectiva, Durkheim sostiene que una observación racional de la moral permitirá establecer dos cosas:

1. Que la conducta moral no es el producto de un individuo al que se le permite expresar su naturaleza singular y desarrollar sus propios deseos sin restricciones, sino, por el contrario, el resultado de que ese individuo esté sujeto a un conjunto de reglas que él mismo no ha creado (EM, cap. 4, pp. 47, 54);

2. Que el fin de la conducta moral no es individual, sino social; es decir, que la conducta moral no busca la preservación y el desarrollo del individuo, sino de la sociedad.

El reconocimiento de estos dos hechos fundamentales ayuda a Durkheim a precisar con mayor exactitud la tarea de la reflexión moral. Comprender la moral consiste en ofrecer una explicación de estos dos rasgos fundamentales de la vida moral. El filósofo o el científico de la moral debe intentar explicar de manera racional, es decir, sin recurrir a ninguna entidad sobrenatural ni a ningún principio místico, cómo se produce esta restricción de la voluntad individual por un conjunto de normas morales, por qué tiene lugar y cuáles son sus implicaciones para nuestra concepción de la sociedad (EM, cap. 2, pp. 20-21).

Durkheim parece ofrecer toda una gama de respuestas a estas preguntas. Sin embargo, tras varias lecturas, no es difícil darse cuenta de que sus respuestas se agrupan en torno a una idea central: una reconsideración de la relación entre el individuo y la sociedad. Cuando los filósofos se han enfrentado a estos rasgos fundamentales de la vida moral, a menudo parecen pensar que éstos socavan el valor del individuo. Términos como «restricción», «coacción» y «límites» suelen acaparar su atención, y las connotaciones negativas de tales términos parecen constituir la fuente de la que brota la mayoría de sus ideas acerca de la relación entre el individuo y la sociedad. Tienden a imaginar a un individuo plenamente formado, con una comprensión clara de sus deseos y necesidades, y luego a considerar la sociedad como algo que le impide realizar esos deseos y satisfacer esas necesidades.

Lo que Durkheim les pide a los filósofos es que reconsideren esta manera de ver la relación entre el individuo y la sociedad. En primer lugar, reconociendo que el individuo no es algo que exista con anterioridad a la interacción social, sino más bien algo que es, en sí mismo, producto de esta interacción: lo que una persona desea, espera y experimenta como necesidad es algo que aprende a través de su interacción con la sociedad. En segundo lugar, tomando conciencia de que esa sociedad que le exige disciplina al individuo, que le dice qué hacer y qué no hacer, es la misma sociedad a la que ese individuo quiere pertenecer.

Para Durkheim, las normas morales no son algo que simplemente se superpone a la sociedad, sino que brotan naturalmente de la manera en que una sociedad está organizada y constituyen uno de los elementos clave que explican su estabilidad (EM, cap. 6, p. 87). Durkheim sostiene que esto es cierto incluso en el caso de la moral individualista que caracteriza las sociedades modernas: si el individuo ocupa un lugar muy importante en la moral moderna, es porque también desempeña un papel importante en la supervivencia de la estructura social en su conjunto.

La sociedad, para Durkheim, es también la única fuente de autoridad de las normas morales. Esto no sólo debido a que posee una capacidad de coerción superior a la de cualquiera de los individuos que la conforman, sino también a que es la fuente de todo el conocimiento y la cultura que cualquier individuo posee y, por tanto, la razón última por la cual es un ser humano y no un animal.

Según Durkheim, estas cualidades «sobrehumanas» explican el elemento de misterio, asombro y perplejidad que nos acompaña cada vez que nos detenemos a pensar sobre la sociedad. Sin embargo, insiste constantemente en que, por más perplejos que podamos sentirnos en ocasiones, hay un hecho clave que siempre nos recuerda su existencia y su carácter concreto: la presión que ejerce sobre nosotros. Sentimos el peso de la sociedad cada vez que deliberamos sobre cómo comportarnos y experimentamos su fuerza cada vez que no actuamos de acuerdo con lo que socialmente se espera de nosotros. Para Durkheim, la gran tarea del filósofo de la moral es reflexionar sobre esta autoridad despojándola de las «formas míticas» que tradicionalmente se han utilizado para describirla.

II

En general, siento que puedo estar de acuerdo con muchas de las cosas que Durkheim dice sobre la moral. Su elocuente defensa de la disciplina me resulta razonable y convincente (EM, cap. 4, p. 48). Sus observaciones sobre la importancia de la interacción social para el desarrollo del individuo, aunque no tan novedosas o ingeniosas como él a veces parece creer, son lo suficientemente acertadas como para merecer reconocimiento. Incluso su llamado a cultivar un espíritu de sacrificio y patriotismo, tan ajeno a nuestros círculos académicos caracterizados por un cosmopolitismo desmesurado, me parece una cuestión de mero sentido común.

Debo admitir, sin embargo, que tengo ciertas dificultades con el conjunto de supuestos, creencias y nociones que constituyen la idea de sociedad que subyace a los escritos morales de Durkheim. Es cierto que esta idea no está plenamente desarrollada en estos escritos y que el conjunto completo de argumentos que utiliza para establecerla no puede encontrarse allí, pero la idea misma sí aparece y desempeña un papel clave. En muchos pasajes, por ejemplo, Durkheim se apoya en esta idea para justificar o explicar sus opiniones acerca de la moral, y no puedo dejar de pensar que persuadir a sus lectores de la veracidad de esta idea es uno de los motivos ocultos de sus escritos morales.

El principal problema que veo es que, a pesar de sus constantes advertencias contra las abstracciones y de sus llamados a atender a los hechos, Durkheim no logró desarrollar una idea particularmente científica o empírica de la sociedad. Con frecuencia encontramos a Durkheim tratando de convencer a sus lectores de la importancia de sociedad para comprender la conducta humana; no obstante, su examen de los fenómenos sociales, al menos en sus escritos morales, parece bastante limitado. Cuando se presta la debida atención a lo que realmente dice en estas páginas, no es difícil darse cuenta de que Durkheim recurre una y otra vez a un conjunto bastante reducido de hechos sociales:

1. Que todo individuo depende no sólo para su supervivencia sino también para su desarrollo espiritual de las relaciones que establece con otros;

2. Que los seres humanos suelen regular su comportamiento de acuerdo con lo que aprueban sus semejantes;

3. Que las normas morales imponen deberes a los individuos;

4. Que cuando la conducta de un individuo se aparta de lo socialmente aceptado, este individuo es, de una u otra forma, castigado;

5. Que existe una fuerte correlación entre las normas morales y la estructura social, de tal forma que puede considerarse que dichas normas son producto de esa estructura.

    Cuando se examina con detenimiento, resulta difícil no llegar a la conclusión de que se trata de una lista de lugares comunes y hechos triviales, sin nada particularmente desconcertante. Sin embargo, resulta desconcertante que Durkheim los tome como justificación para hablar de la sociedad como si fuera un organismo con órganos internos, capaz de enfermar y en el que el científico social puede desempeñar el papel de una especie de médico (EM, cap. 6, p. 84); o como un sistema altamente organizado de fuerzas, regido por leyes análogas a las que gobiernan la realidad física (EM, cap. 6, p. 86; cap. 8, pp. 119-120). Tampoco hay que olvidar que también los considera suficientes para justificar hablar de la sociedad como un ser supraindividual, casi divino (EM, cap. 6, pp. 92-93).

    Al toparse con estas expresiones y afirmaciones, un lector atento tendería cautelosamente a interpretarlas como metáforas, dado que es obvio que la sociedad no tiene órganos en sentido literal ni constituye un organismo en sentido literal. Del mismo modo, también es evidente que las «fuerzas sociales» no son fuerzas en sentido literal. No obstante, no me resulta claro que Durkheim haya sido plenamente consciente de la naturaleza metafórica de las expresiones que utilizaba para explicar el funcionamiento de la sociedad. Parece tan comprometido con las conclusiones que extrae de tales expresiones, y sus implicaciones y sugerencias semánticas parecen tan fundamentales para algunas de las cosas que dice sobre la naturaleza de la moral, que resulta difícil creer que no las tomara como expresiones literales.

    Señalar el carácter metafórico de las expresiones que Durkheim utiliza para explicar el funcionamiento de la sociedad no equivale, por supuesto, a afirmar que sus teorías sobre la sociedad sean falsas. Más bien, equivale a tomar conciencia de que tales teorías no podrán ser evaluadas en términos de verdad o falsedad hasta que estas expresiones no sean traducidas a expresiones literales; es decir, habrá que suspender el juicio hasta que podamos decir, sin recurrir a figuras retóricas, qué quiso decir Durkheim cuando afirma, entre otras cosas, que la sociedad es un «organismo» o un «sistema de fuerzas».

    Por último, no puedo evitar pensar que la idea que Durkheim desarrolló sobre la sociedad es innecesaria para su propósito de establecer una moral secular, y que fue su afán de coherencia lo que lo llevó a pensar que sus ideas morales se derivaban de sus ideas sobre la sociedad. Con toda su insistencia sobre la importancia de los hechos y de la ciencia, y con todas sus muestras de entusiasmo por la complejidad de la realidad, Durkheim parece susceptible al mismo tipo de crítica que él esgrime en contra de Kant, de los utilitaristas y de otros filósofos tradicionales. Parece ser tan proclive como ellos a buscar algún tipo de sistema que revele el orden oculto detrás de la compleja red de detalles en la que, en tantos pasajes, se deleita. Quizá Durkheim no admitiría que estaba en busca de una explicación final, pero muchos de sus textos sí muestran un fuerte deseo por un sistema filosófico universal y definitivo (EM, cap. 8, pp. 116-117, 121-122).

    A pesar de la insistencia de Durkheim en un enfoque más objetivo y científico de la reflexión moral, sus escritos sobre estos temas se asemejan menos al descubrimiento de la estructura objetiva de la realidad moral que a la expresión de un conjunto heterogéneo de creencias personales. Al leer estos textos, no pude evitar recordar el párrafo final de “El hacedor” de Jorge Luis Borges:

    Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara.

    Quizá, al final, un sistema filosófico o una teoría sociológica no sea más que una elaboración sistemática de idiosincrasias personales.

    Estas notas constituyen una traducción de un trabajo presentado originalmente en el seminario Ethical Theories and Moral Life del Hoger Instituut voor Wijsbegeerte, KU Leuven. Me gustaría expresar mi gratitud al profesor Bart Pattyn: este trabajo no habría sido posible sin todo lo que aprendí en sus clases.

    Notas

      1. Para los fines de este trabajo, me refiero a L’éducation morale de Émile Durkheim como EM y a su «Introduction à la morale» como IM. Todas las referencias se presentan utilizando estas abreviaturas, seguidas del número de página en el que aparece el pasaje citado. En el caso de L’éducation morale, también he incluido el número del capítulo (o lección).

      2. Compárese, por ejemplo, este pasaje de Durkheim: «…Yo pediría que exploráramos una realidad que se encuentra extremadamente cerca de nosotros, una realidad que nos envuelve y nos penetra por todos lados, es decir, la sociedad. Pues hay fuerzas en juego en la sociedad que el observador vulgar es incapaz de percibir, pero que no son por ello menos reales, y que de manera constante nos sostienen, nos nutren y nos fortalecen.» («A discussion on the effectiveness of moral doctrines» en Durkheim, 1979, pp. 135-136. Traducción propia) Con el siguiente pasaje de los Hechos de los Apóstoles: «pues en él [Dios] vivimos, nos movemos y existimos, como han dicho algunos de vosotros». (Hechos 17:28)

      3. Durkheim parece haber llegado a esta conclusión hacia el final de su vida: «Esta ciencia es mucho más extensa y compleja de lo que incluso el esquema anterior podría sugerir. Si aceptamos lo que se ha dicho, dicha ciencia puede reducirse a un único problema: su única tarea consiste en determinar los rasgos distintivos de lo moral» (IM, p. 90). Su posición sobre este asunto parece muy cercana a la que desarrolla en Las reglas del método sociológico (cap. 1, «¿Qué es un hecho social?») respecto del estatus de la sociología como ciencia independiente. Allí sostiene que la independencia de la sociología descansa en el reconocimiento de los fenómenos sociales como un dominio autónomo de hechos, es decir, de hechos que no pueden reducirse a fenómenos psicológicos o biológicos.

      Bibliografía

      Borges, Jorge Luis (1981): Obras completas, Buenos Aires: Emecé.

      Durkheim, Émile (1934): L’éducation morale, París: Librairie Félix Alcan.

      Durkheim, Émile (1938): The Rules of Sociological Method, traducido por Sarah A. Solovay y John H. Mueller, editado por George E. G. Catlin, 8.ª ed., Nueva York: The Free Press of Glencoe.

      Durkheim, Émile (1975): «Introduction à la morale» en Durkheim, Émile: Textes 2: Religion, moral, anomie, París, Les Éditions de Minuit, pp. 313-331.

      Durkheim, Émile (1979): Emile Durkheim: Selected Writings on Education, vol. 1, London: Routledge.

      Nikola Krestonosich Celis (Valencia, 1978; ORCID) es ensayista y profesor de filosofía venezolano radicado en Ciudad de México. Estudió filosofía en la Universidad Central de Venezuela, la Universidad Simón Bolívar y la KU Leuven, donde obtuvo el doctorado en filosofía. Ha impartido clases de en la Universidad Central de Venezuela, la Universidad Simón Bolívar y la Universidad Católica Andrés Bello. Algunos de sus trabajos académicos han aparecido en revistas como Mutatis Mutandis: Revista Internacional de Filosofía, The Apricot Graduate Journal of Philosophy, Argos, Apuntes filosóficos, ITER Humanitas y Episteme. Es autor de dos poemarios (Ejercicios, 2003 y Esperar es un deporte sangriento, 2014), una monografía sobre la obra de Jorge Luis Borges (Aspectos filosóficos en la obra de Jorge Luis Borges, 2004) y un libro de ensayos (En un campo de fronteras difusas: ensayos y fragmentos, 2015). Entre sus actuales líneas de investigación destacan el pensamiento político de Locke y Spinoza, la historia conceptual de la tolerancia y los problemas contemporáneos de la democracia liberal.

      0 Comentarios

      Escribe un comentario

      XHTML: Puedes utilizar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>