La poesía de lo Anterior en tres autores venezolanos: Luis Pérez-Oramas, Rafael Cadenas y Rowena Hill
Rosbelis Rodríguez (Valera, 1995) aborda la presencia de lo Anterior —ese tiempo inmemorial y originario que el escritor francés Pascal Quignard concibe como una fuente incesante de la existencia— en la poesía venezolana de Luis Pérez-Oramas, Rafael Cadenas y Rowena Hill. A través del cuerpo, la sexualidad, el agua, la naturaleza y el misterio, la autora identifica en estos poetas distintas formas de evocar nuestra pertenencia a un pasado que trasciende la memoria humana. Frente al olvido de nuestra condición natural y a la pérdida del asombro, sus obras convocan una recuperación de la lucidez y del vínculo con todo lo viviente: una invitación a reconocernos como parte de esa antigua corriente que nos precede y nos atraviesa.
Pascal Quignard ha dedicado cientos de páginas a pensar fragmentaria, arbitraria, poéticamente un pasado mucho más vasto que el pasado, un tiempo inmenso, inmemorial, originario que no cesa de llegar hasta nosotros, y que nosotros, a nuestra vez, no cesamos de olvidar. Él lo llama, en francés, le Jadis. En español se ha traducido como otrora, antaño, lo Anterior. Así lo define el propio Quignard en Sobre lo Anterior (2016), tomo segundo de su proyecto Último Reino:
«La forma francesa jadis [antaño] se descompone como Ja-a-dis que a su vez puede traducirse como Ya/hace/días. Fuente que remite a una fuente que precede. Es así que lo Anterior [le Jadis] estructura el tiempo como antes» (114).
Para Quignard, el lugar anterior por excelencia es el vientre materno o Primer Reino, una Paradisíaca, un espacio húmedo y cálido en el que estuvimos una vez y al cual no podemos regresar. En Abismos (2015) señala casi a manera de confesión:
«Hay un lugar que amo lejos del mundo, un lugar donde viví antes de los primeros dieciocho meses de mi infancia […] Ya no sé dónde se encuentra ese lugar o esa especie de arroyo que creo haber visto sobre la tierra. Quizás estaba, sobre la tierra, en mi madre, detrás de su sexo invisible, en la sombra que ahí se había alojado. Quizás es simplemente un lugar, un pequeño lugar, un lugar minúsculo, eso que llamo lo anterior» (9-10).
Lo anterior está entonces ligado indefectiblemente a la madre, a su útero y a esa escena que Quignard denomina «la imagen que nos falta», que es la del coito de nuestros padres del cual somos el resultado, y que en el psicoanálisis se conoce como Urszene. A esa escena jamás tendremos acceso. En ella están las formas reproductivas esenciales y anteriores: huevo, semilla, simiente, semen, palabras todas que remiten a lo Anterior en tanto fuente originaria. Pero también remiten al goce. En su ensayo «El pasado y lo anterior», escribe: «Hay una felicidad propia a lo anterior que lo caracteriza: es el goce que no se puede retener (…) Todos nos hemos unido en nuestro origen en una explosión de beatitud viviente» (Quignard, 2010: 11).
Me voy a detener brevemente para hacer una apostilla a la cuestión del goce. Quignard parece sugerir, aquí y en otros textos, que provenimos del goce del acto sexual de nuestros progenitores, aseveración que tenemos que tomar con pinzas, sobre todo si somos mujeres y sabemos que el goce es del todo accesorio para concebir, por no hablar de la concepción in vitro. El goce genital capaz de engendrar es todas las veces masculino, no siempre femenino. Así que, si hay un goce éste sería más bien celular, el del huevo y la simiente fusionándose a pesar de todo.
En cualquier caso, lo que importa es que el Primer Reino uterino retrotrae lo anterior en nosotros, no sólo en lo que respecta a la filiación sanguínea y familiar sino también a la animal y a nuestro nexo con la naturaleza en general desde el origen de todo. Para Quignard, lo anterior es una «cadena desencadenada» que no deja de fluir desde el big bang. En nosotros desemboca esa vastedad. En palabras del autor:
«En cada uno de nosotros está la huella fósil. El cuerpo es una extraña alegría fósil titubeante, errante en la atmósfera (…) Nuestros genes conservan la memoria de lo anterior. La composición química de cada una de nuestras células es una parte del océano primitivo» (Quignard, 2010: 9).
En algunos poemas de Luis Pérez-Oramas, lector de Pascal Quignard, a quien considera uno de los autores que más lo ha impactado, se evidencia este pensamiento de lo Anterior ligado a lo familiar y a lo sexual. Así, por ejemplo, en el poema «La familia» de su libro Prisionero del aire (2008), la imagen faltante aparece como fundacional y a la vez cotidiana:
Todas las mañanas
buscamos fútiles la escena
en la que no estuvimos nunca
donde hemos venido
escondidos en jadeos incesantes
en sudores de cuerpos que ignoramos.
La brisa es filial
en la alta noche de la espera.
Es paterno el verbo matinal
de las vigilas.
Es materna la música que mueve
las aguas del mundo, las aguas del amor
las aguas (2022: 54).
En el pensamiento de Quignard, como en el de Pérez-Oramas, el nexo del agua con la simiente y, por tanto, con la sexualidad es claro. La primera imagen del poema «Me, my mother, my father, and I», de La dulce astilla (2015) de Pérez-Oramas es completamente anterior en su brutalidad y erotismo:
Y volverá
el líquido
que te hizo
sobre tu rostro
como un meteoro
de amor
como un meteoro
gélido de fuego
volverá
el mar donde tu cuerpo
era medusa
mancha flotante
espuma
de las espumas del origen (75).
En este punto conviene aclarar que en la obra de Pérez-Oramas lo Anterior emparentado a la sexualidad y al goce está presente de una manera no heteronormada, al contrario de lo que sucede en Quignard, que insiste en la diferencia sexual. De manera que en la poesía homoerótica del venezolano el énfasis no está en lo reproductivo sino en lo originario. Así, por ejemplo, en el largo poema Balada de Joey Stefano (1997), describe el escondite de la simiente masculina como cosa originaria:
La eternidad ya oscura
la piel marrón
de los muchachos blancos
en el lugar más intimo
más ciego.
La raíz, la raíz, la raíz
de donde todo viene (2022:45).
Llegados hasta aquí pudiéramos hablar de lo Anterior y la naturaleza como sinónimos, pues lo Anterior, escribe Quignard en Las paradisíacas (2016), «vaga por todo el espacio de la tierra» (15). De la misma manera, en la obra de Rafael Cadenas cada tanto la mirada se abre hacia la vastedad terrestre y sus tantas y tan variadas formas de vida. Lo que para Quignard es Anterior, en la poesía del poeta venezolano tiene el nombre de Misterio. Ambas nociones hablan de la inconmensurabilidad de todo lo existente desde tiempos inmemoriales sin afán de generar filosofía alguna al respecto, sino más bien como un intento de definir el deslumbramiento, el estupor. A propósito de esto, Cadenas escribe en sus Dichos (2010) lo siguiente:
«Hemos empleado vanamente la inteligencia en la tarea de explicar el esplendor. No nos interesa sentirlo. Estamos un poco muertos. Entonces nos damos a buscar “sensaciones nuevas”. Como si el mundo no estuviera siempre haciendo eclosión frente a nosotros» (36).
La imagen de la eclosión perenne se asemeja a la idea de Quignard acerca de lo anterior como «emerger inacabable» o rayo que cae o «lava eruptiva que opone y desbasta la corteza sólida» (Quignard, 2010: 8). Es decir, como una fuerza indomesticable e inhumana que llega hasta nosotros. En palabras de Cadenas (2010):
«Una riqueza, tal vez la mayor: el sentimiento del vivir mismo como algo que no depende de nosotros, que brota de una fuente que no somos nosotros» (35). «No somos la fuente de nuestro vivir, pero por nosotros pasan las aguas» (29).
«La naturaleza es una pata de lo anterior» dice Quignard (2010: 14), y nosotros, como parte de ella estamos cargados de lo anterior. Que por nosotros pasen las aguas quiere decir, como dice Cadenas, que «todo hombre es antiquísimo pero no lo quiere saber» (2010: 28). La poesía se encarga, entonces, de recordarlo.
Tal es el caso de la poesía de Rowena Hill, que en sus libros más recientes recurre a lo esencial: una observación minuciosa del cuerpo y los estragos del tiempo, y de cómo pasan las aguas por medio de él, para usar la expresión de Cadenas. En el poema «Elemento agua» de Marea tardía (2019) leemos una versión de aquella sentencia de Cadenas:
La corriente blanca fría
atraviesa mis linderos
penetra por mis poros,
en el ímpetu
en el calor de mi cuerpo
agua y sangre se vuelven
una sola cosa
vena de la tierra (36).
El cuerpo humano en la poesía de Hill es indistinguible e inseparable del reino natural, pero hay un reclamo sobre el olvido de la naturaleza por parte del humano, que es especialmente evidente en su poemario narrativo de largo aliento titulado El matrimonio de Lobo y Nave (2019). Aquí, una Nave mitad humana mitad máquina se encuentra con un Lobo en una cueva después de ser desechada y se comunican «a través de milenios/ con una perra y un cibercerebro tartamudo/ como puentes» (22). Inevitablemente surgirá la pregunta de para qué están juntos, tan separados como están en el tiempo en tanto especies. He aquí que la escogencia del lobo es acertada, pues sucede con los perros que están demasiado domesticados, y en cambio el lobo es su versión salvaje, indomesticada, es decir anterior.
Tú estás más allá de viejo —le dice Nave a Lobo—
yo estoy mutilada,
no podemos ser restaurados.
No vamos a ningún lado.
Podemos juntar nuestras perspectivas
sobre la vida en la tierra
tú desde el comienzo
yo desde el fin (23).
Es así que Lobo y Nave ven su unión como necesaria, un matrimonio en el que la sabiduría antigua se fusiona con el último vestigio de lo humano. La esperanza es que de ello resulte «un hijo con la luz del inicio» (27), es decir alguien con una conciencia lúcida de lo Anterior.
Desde los primeros libros de Rowena Hill la luz aparece como fuente primaria y anterior. El poema «El nudo», de Marea tardía (2019) declara:
La primera sustancia
el parto espontáneo
sin causa o relación
de la nada madre
es la luz (15).
Si combinamos esta visión con la imagen del «hijo con la luz del inicio» notamos que aquí, en El matrimonio de Lobo y Nave pero también en la poesía más reciente de Hill la crítica de fondo es a la falta de lucidez y de asombro del ser humano, al hecho de que algo en él, una inteligencia primordial parece haberse perdido, y su lugar lo ha tomado la codicia.
Cuando hacia el final del poema Nave se queja de que es el fin y el hijo asegura que no, que ellos están «para asegurar que la vida siga/ y la luz vuelva a habitarla, / para que la tierra sea de nuevo su hogar» (33), el personaje habla desde la esperanza de efectuar lo que Cadenas llama «un reencantamiento».
En uno de sus Dichos, Cadenas apunta: «Regresar a la naturaleza tiene para mí un solo sentido: vivenciarnos como naturaleza» (30). Quisiera finalizar deteniéndome en esa primera persona del plural que usa el poeta. ¿Por qué «vivienciarnos como naturaleza» si venía hablando de un yo? Porque no acabamos en los pies. Cada uno de estos poetas nos señala la antigüedad que hay en nosotros, el hecho de que formamos parte de la «cadena desencadenada» de lo Anterior, como dice Quignard, hasta nuestra simiente viene de muy antaño. Y el reclamo que nos hacen es el de volver a dirigir la mirada atentamente a ese reino, hacer memoria no sólo de lo histórico, también de lo Anterior. Un llamado, en palabras de Cadenas, a «saborear la andanza terrenal».
©Trópico Absoluto
Bibliografía
Cadenas, Rafael (2010): Dichos, Mérida: Ediciones Actual.
Hill, Rowena (2019): Marea tardía, Caracas: Sociedad de Amigos del Santo Sepulcro.
Hill, Rowena (2019): El matrimonio de Lobo y Nave, Bogotá: El taller Blanco.
Pérez Oramas, Luis (2015): La dulce astilla, Valencia: Pre-Textos.
Pérez Oramas, Luis (2022): La mano segadora. Selección antológica [1983-2021], Caracas: Fundación la Poeteca.
Quignard, Pascal (2010): «El pasado y lo anterior», en Nombres, (24), pp. 7-16.
Quignard, Pascal (2015): Abismos, Buenos Aires: El cuenco de plata.
Quignard, Pascal (2016): Sobre lo anterior, Buenos Aires: El cuenco de plata.
Quignard, Pascal (2016): Las paradisíacas, Buenos Aires: El cuenco de plata.
Rosbelis Rodríguez (Valera, 1995) es licenciada en Letras Hispanoamericanas con distinción Summa Cum Laude por la Universidad de Los Andes (Mérida, Venezuela). Actualmente es profesora del Departamento de Lingüística de la misma universidad. Ha cursado los diplomados en Filosofía Política de la Universidad Simón Bolívar, en Reflexión y Creación Poética de la Fundación La Poeteca y, más recientemente, la maestría en Literatura Iberoamericana de la Universidad de Los Andes. Ensayos y notas críticas suyos se han publicado en el suplemento Papel Literario desde 2019. Sus poemas aparecen en las 7ma, 8va y 9na antologías del Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas.
0 Comentarios