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Postal de «lo afirmativo venezolano»

Por | 5 septiembre 2026

En sintonía con la consigna que pregona el «renacer» de Venezuela, el funcionario al que Delcy Rodríguez ha encomendado las riendas del Ministerio del Poder Popular para la Cultura ha anunciado el reimpulso de «lo afirmativo venezolano». Tras la devastación padecida por el circuito editorial independiente, la interrogante sería ¿con cuáles obras y autores cuenta el régimen tutelado para consumar esa meta en el imaginario de los lectores? Una simple visita a una Librería del Sur nos ofrece pistas bastante reveladoras.

Hace días me sorprendió ver abierta la Librería del Sur.

Contuve la respiración y entré.

*

Lo primero que pude advertir fue la «división de clases» que ahora impera en el «ecosistema» —que no mercado― editorial auspiciado por el régimen.

En la cima de la nueva jerarquía están las editoriales de quienes han alcanzado cierta cuota de poder usurpando cargos de importancia en estos 27 años de cleptocracia, los elegidos que se han lucrado haciendo de viceministros y cargos afines. Funcionarios que demostraron su compromiso con la cultura nacional trayendo a Abel Prieto para que nos dijera cómo y qué debía hacer y escribir un verdadero artista e intelectual revolucionario. Burócratas que demostraron la particularidad de su humanismo exigiendo, justificando y aplaudiendo los arrestos, las torturas y los asesinatos ejecutados por los aparatos represivos al servicio de Maduro tras el fraude del 28J.

No conformes con las prebendas que han obtenido como encumbradas figuras del régimen, ahora aspiran al honor y la fama de editores e insignes «promotores» literarios y culturales, algo relativamente fácil en un medio donde la desaparición de la industria editorial privada ha sido una de las consecuencias de la política cultural del régimen.

Esos sellos editoriales serían el equivalente a los bodegones y cadenas de supermercados con las que tanto empresario de maletín ha estado blanqueando capitales.

Los ejemplares editados por esos sellos «emergentes» exhalan cierto vaho a «Escritor VIP» y pretenden el sartreano refinamiento de la gauche caviar.

¡Hasta Farruco Sesto se ha dado el lujo de publicar, en España, sus poemas reunidos en una “edición para los amigos”!

*

En la base de la pirámide editorial consolidada por el socialismo del siglo XXI está ese apéndice del PSUV que sería el equivalente a la empacadora de arroz con gorgojos del Clap.

En las portadas de esta colección, leo nombres personas que llegué a conocer décadas atrás, unos tipos medio patéticos pero buena gente, como el personaje principal de la película Un poeta.

Con la Gran Misión Cultura, esos personajes llegaron a multiplicarse tal y como se multiplica el rostro de John Malkovich en la escena más delirante de “Being John Malkovich”.

Especímenes de una bohemia sufragada por el régimen, todos eran admiradores furibundos del Chino Valera Mora, todos declamaban que un día habían sentado a la Belleza en sus piernas, la habían hallado amarga y la habían injuriado. Todos se autoproclamaban poetas malditos, como Rimbaud.

En menos de un lustro, todos terminaron como Rimbaud, pero no como el poeta de “El barco ebrio”, Iluminaciones y Una temporada en el Infierno, sino como el traficante de armas y esclavos: el mercenario de alma gangrenada.

Esos sellos editoriales serían el equivalente a los bodegones y cadenas de supermercados con las que tanto empresario de maletín ha estado blanqueando capitales.

Ojeo alguno de estos libros, reviso la fecha de publicación: 2025, año en el que la política de narcoestado para consolidar la «Paz» de Maduro fue la «Operación Tun-tun», y se me ocurre que esos escritores se han prestado a formar parte de una colección que merece llevar el nombre de  «PoeTonton Macoutes de Nuestra América».

No hay manera de hallar en esas páginas pasajes que obedezcan a la inquietud de un espíritu acicateado por la búsqueda de la verdad o a una racionalidad regida por la dignidad.

En el mejor de los casos, lo afectivo ―entendido como anomalía de la afinidad política― es la excusa para servirse de la deshonestidad y de la irresponsabilidad intelectual como atajo y así especular sobre temas como “el futuro de la poesía” o para escribir sandeces que bien podrían llevar por título Pendejerías.

En la cima de uno de los estantes, como árbitro supremo de ese ominoso bazar de tinta y papel,  los títulos de un versificador que a finales del siglo pasado se autoproclamaba defensor de los derechos humanos, pero que demostró su verdadero sentido de la justicia haciendo de fiscal general del cleptócrata y asesino de niños que ahora disfruta de un merecido verano en Nueva York.

*

Hago un esfuerzo por no dejarme llevar por mis prejuicios. Trato de conseguir títulos que no sean recalcitrantes deformaciones de la verdad ni mentiras propagandísticas destinadas a acrecentar el aura del narcoestado totalitario del siglo XXI. Corro con suerte: hay algunos volúmenes de la Biblioteca Ayacucho y de la Colección Archivos de la UNESCO. Además, al preguntar por el precio de Space Invaders, novela corta de Nona Fernández, la joven que atiende me indica que ese y otros libros exhibidos en el primer mesón son gratuitos, pero que solo puedo escoger uno.

Sin lugar a dudas, eso es infinitamente mejor que las revistas y folletos que solían obsequiar años atrás, cuando predominaba el culto al «Comandante Supremo».

Con todo, al comparar el grueso de lo que hay en estos estantes y mesones con lo que hace décadas llegó a ofrecer la Librería Kuai-Mare, vienen a mi mente unos versos de ese poeta al que ellos pretenden igualar:

El sitio donde nos reuníamos
para celebrar los relámpagos de la vida
hoy es tierra jorra
cagada de zamuro
lugar de pastoreo del gorilaje creole

Arnaldo E. Valero (Caracas, 1967), catedrático adscrito al Instituto de Investigaciones Literarias Gonzalo Picón Febres de la Universidad de Los Andes, Mérida. Licenciado en Letras, Master en Literatura Iberoamericana especializado en cultura y literatura del Caribe.  Ha sido editor de Voz y escritura. Revista de Estudios Literarios (2008-2016). Es autor de Nación y transculturación (Mérida: APULA, 2002), Mínima historia (Mérida: APULA 2008), Entre zombis y caníbales. Ensayos sobre literatura del Caribe (Caracas: FUNDARTE, 2015) y Canciones de fuego negro. Del reggae a la poesía dub (Caracas: CELARG, 2015).

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