Olvidar a Edgar Morin
La muerte de Edgar Morin ofrece a Carlos Colina la ocasión para revisar el lugar que ocupa el pensamiento complejo en la cultura intelectual contemporánea. Este ensayo interroga tanto la fecundidad como los límites de una obra decisiva, un legado al ejercicio crítico que Morin reclamó para todo conocimiento.
Edgar Nahoum, autorenombrado y archiconocido como Edgar Morin, fue un parisino del principio al fin de sus días, pero sus padres eran unos judíos sefarditas que llegaron a Francia a comienzos del siglo pasado, procedentes de la Salónica griega. El pasado 26 de mayo, nos dio su último adiós a la edad de 104 años.
Laudatus vivente vivo, recibió numerosísimas condecoraciones, honores, premios y más de 30 títulos de doctorado honoris causa en varios países.
Edgar Morin obtuvo en el año 1942 dos títulos de licenciatura: uno en Historia y Geografía y otro en Derecho. Además, desarrolló estudios autodidactas y formales en sociología, economía y filosofía.No obstante, se le suele citar como sociólogo o epistemólogo. En su juventud, durante la segunda guerra mundial, participó en la resistencia francesa antifacista y se adscribió al Partico Comunista del país galo. No obstante, luego se retractaría de dicha militancia de modo radical, quizá porque sus anhelos de libertad no tenían signo ideológico alguno.
En esta fase post mortem, cabe la justa evaluación de su obra, más allá de las consideraciones de acólitos y detractores. Pareciera que las polarizaciones no son exclusivas de la política, porque aquí también las encontramos. Desde la asunción dogmática y acrítica por parte de los morinianos, hasta la crítica destructiva y despiadada de los que se ubican en paradigmas divergentes. En lo que sigue esbozaré algunas notas, que de ninguna manera pretenden acometer en su completitud tan magna tarea.
El legado de su producción intelectual alcanzó más de 60 libros, entre los que destaca en primer lugar El Método (La Méthode), editado y publicado en 6 volúmenes entre 1977 y 2004. Asimismo, despuntan los siguientes textos en diferentes áreas, a saber: 1. Epistemología: Introducción al pensamiento complejo (1990). Ciencia con consciencia (1982). 2. Educación: Los siete saberes necesarios para la educación del futuro (UNESCO, 1999), La mente bien ordenada (1999). 3. Antro-política y crisis globales: La Vía: Para el futuro de la humanidad (2011): y Cambiemos de vía (2020). De paso puede citarse a La cultura de masas en el siglo XX: El espíritu del tiempo (1962) como obra fundacional de la teoría culturológica, aunque, a decir verdad, llegará a ocupar un lugar marginal en el campo de la comunicología.
Asimismo, contribuyó a la deconstrucción del marxismo como ideología totalitaria, a partir de un ensayo conceptualmente incisivo, titulado Para salir del siglo XX (1981) y de su autobiografía intelectual Mis demonios (1994). De comunista que apoyó al estalinismo pasó a ser un agudo y radical crítico de la ideología dialéctica.
Entre sus aportes, podemos mencionar su definición de la complejidad del ser humano como constituido con múltiples dimensiones; postulado que posee implicaciones epistemológicas y sociológicas de singular valor. Somos simultáneamente seres biológicos, psicológicos, culturales e imaginarios, donde cada nivel incorpora al anterior pero no lo reduce, tal como ha ocurrido comúnmente en la historia de las ciencias: fisicalismo, biologicismo, psicologismo, economicismo. Comunidad y sociedad siempre se interrelacionan, porque a cualquier nivel, existen temas que nos unen pero también otros asuntos que nos separan.
El concepto de Unitas multiplex implica la complementariedad e interdependencia de opuestos, donde la igualdad presupone diferencia y la diferencia requiere igualdad. Es la relevante paradoja humana de la igualdad y la diferencia, que si se hubiese entendido nos habríamos ahorrado las calamidades asociadas al igualitarismo de los socialismos realmente existentes, populismos y políticas de las identidades.
Por consiguiente, para Morin, la totalidad de la condición humana debe redefinir la política, que no puede ser entonces economicista pero tampoco estatista. La política contemporánea debe trascender el uso de cifras y estadísticas tradicionales e incorporar las necesidades existenciales, culturales y afectivas de las personas, apuntalando su calidad de vida. En una época de involución nacionalista, la antro-politica plantea que no se puede ignorar que los problemas actuales son también globales (crisis climáticas, colapsos económicos, pandemias) para lo cual debemos asumir una conciencia planetaria. Con un destino común habitamos la misma casa: la «Tierra-Patria». De resultas, la cooperación y la solidaridad son ineludibles. Un planteamiento de plena vigencia actual ante las políticas de mi nación primero, que, a todas luces, catalizan el lado oscuro de la tribu.
De manera significativa, sus lineamientos para una pedagogía universal reivindican precisamente la enseñanza de la diversa condición humana, pero que posee simultáneamente una identidad terrenal compartida. Efectivamente, todos estamos interconectados a escala global, con oportunidades, desafíos y problemas mutuos. La escuela necesita promover una profunda conciencia ecológica y de cuidado del planeta. Enseñar la comprensión, el diálogo abierto y la empatía entre diferentes culturas y personas resulta prioritario, combatiendo el racismo, la xenofobia y el etnocentrismo.
La antropoética implica la responsabilidad social e histórica de cada acto individual. Estamos ante una ética del género humano que entiende la relación dinámica entre el individuo, la sociedad y la especie. En esta línea de ideas, la enseñanza debe superar la hiperespecialización y la fragmentación excesiva de las materias de estudio, vinculando las partes con el todo y contextualizando globalmente los problemas. Es indispensable dotar a los estudiantes de herramientas críticas para identificar lo eludido por la ceguera del conocimiento: el error y la ilusión. El alumnado debe cuestionar sus propias certezas y falsas verdades y enfrentar las incertidumbres.
Si bien, como hemos visto hasta ahora, sus aportes sociológicos son innegables, en el campo de la epistemología caben las matizaciones, más allá de las filiaciones dogmáticas o las críticas unilaterales. En primer lugar, ha de señalarse su papel en la divulgación y diseminación de lo que se ha dado en denominar el pensamiento complejo, que permitió a numerosos científicos sociales una aproximación a la problemática epistemológica y a ciertos lineamientos que coadyuvan a una visión poliocular de la realidad con lógicas multidimensionales e integradoras.
El “paradigma de la complejidad” sería un principio rector que dicta y formatea de manera inconsciente lo que es real y como debe pensarse y conceptualizarse. Igualmente, dicho paradigma descarta otros elementos que no encajan en la lógica respectiva. Edgar Morin amplifica la categoría kuhniana de paradigma más allá de la comunidad científica, lo cual conlleva aportes analíticos significativos de tipo sociológico pero también límites epistemológicos evidentes. El paradigma sería una estructura cultural, social y lingüística que afecta a “toda la humanidad”. Empero, la filosofía y sociología de la ciencia ameritaría una categoría específica que de cuenta de como operan los sujetos epistémicos en concreto.
Por otra parte, la epistemología moriniana es aplanadora al no establecer una diferenciación radical entre ciencias físico-naturales y sociales, en donde los paradigmas adquieren lógicas distintas. La especialización y la disyunción analítica cartesiana ha comportado logros cognoscitivos inconmensurables en las primeras, pero suele ser un obstáculo epistemológico corriente en las segundas Tradicionalmente, la matematización y la precisión han sido cualidades productivas y heurísticas en las primeras, pero no siempre en las segundas. En ciertos casos, la visión holística podría ser un escollo en las “ciencias exactas”, pero abre nuevas perspectivas en las disciplinas humanísticas. La lógica clásica opera perfectamente en amplios dominios abordados por las ciencias duras. Contrariamente, las lógicas difusas funcionan idealmente para ciertas dimensiones de los sistemas sociales. Con todas las matizaciones y entrecruzamientos debidos en las tesis anteriores que por razones de espacio no incluimos aquí. Los principios aristotélicos pueden aplicarse válidamente en muchos sistemas físico-naturales, pero los sistemas sociales suelen introducir realidades paradojales, ambiguas y contradictorias.
Cabe acotar que, regularmente, hemos criticado legítimamente al positivismo en sus intentos de imponer las lógicas de las ciencias naturales a las disciplinas sociales, pero a veces hemos incurrido en lo contrario, es decir, proyectar nuestras peculiaridades sobre las otras ciencias. Y asumimos principios epistemológicos comunes, cuando en muchos casos son divergentes. Sin embargo, existen iniciativas pioneras en una dirección contraria.
A finales del siglo XIX, Wilhem Dilthey esbozaba diferencias cruciales en su obra cimera Introducción a las ciencias del espíritu (1883), caracterizando estas últimas por ser comprensivas. Posteriormente, Max Weber, integrará comprensión y explicación, en esta línea diferenciadora. A comienzos del siglo XX, plantea enfocarse en la acción con sentido, orientada a la conducta de otros. La fenomenología husserliana hará otro tanto, reivindicando la intersubjetividad a través de su concepto del mundo de la vida (Lebenswelt). Las ciencias sociales debían partir de este entramado de experiencias y significados en el que discurrimos todos los días y que adquieren un carácter incuestionable.
Si somos parte de lo que investigamos, eso tiene implicaciones ontológicas, epistemológicas y metodológicas. El constructivismo y el realismo no podrían definirse per se, sin hacer referencias a la distinción canónica de las ciencias. Inclusive, los mismos fenómenos sociales se diferencian entre aquellos heredados y externos a nosotros (realismo), y aquellos otros que co-construimos con los otros. De hecho, existen autores que parten de estas premisas.
La epistemología francesa de Gaston Bachelard y Pierre Bourdie de los dos últimos tercios del siglo XX, plantea el realismo crítico, en contraposición al realismo ingenuo. La ciencia no refleja la realidad de manera directa, porque el conocimiento científico es una construcción racional compleja del objeto que supera los límites de la percepción inmediata. El científico natural construye el fenómeno a través de instrumentos de laboratorio («fenomenotecnia») y de las matemáticas. El racionalismo aplicado prestablece una interdependencia entre razón (teoría) y experiencia, un ida y vuelta dialéctico.
El realismo crítico del filósofo inglés Roy Bhaskar de finales del siglo pasado, fusiona realismo ontológico (el mundo existe independientemente de nuestra mente) con relativismo epistemológico, es decir, nuestro conocimiento sería una construcción social falible. Este autor argumenta que reducir la ontología a la epistemología es una falacia epistémica y plantea que el mundo no deja de existir solo porque no lo comprendamos a la perfección.
Olvidar a Morin es un título que reincorpora implícitamente un elemento central del pensamiento moriniano: la paradoja, y que nosotros rescatamos para el estudio de ciertos fenómenos sociales.
Desde otra acera epistemológica, el nuevo realismo del milenio que inicia Marurizio Ferraris, plantea que las ciencias naturales se ocupan de objetos reales con independencia ontológica, es decir, que existen independientemente del espacio- tiempo y de las operaciones de la mente humana. Según este autor, existe una diferencia fundamental entre conocer y construir. Si necesitamos conceptos para interpretar la realidad eso no implica que la hayamos inventado. En el caso de las ciencias sociales, reconoce cierto componente constructivista, porque los objetos sociales, existen debido a que los humanos les otorgan un significado y valor; y se mantienen por acuerdos sociales. Empero, introduce la noción de documentalidad para eludir la trampa del relativismo posmoderno. El matrimonio, el poder, el dinero y las instituciones no son construcciones arbitrarias ni libres de normas. Una vez creados e inscritos y registrados documentalmente adquieren fuerza y materialidad independiente que tiene un influjo objetivo sobre nosotros.
Entre las críticas que se le han realizado al planteo del pensamiento complejo destaca, por su recurrencia, aquella que afirma que no ofrece un método operativo que lo garantice, y es de dudar que lo haga la mera aplicación de sus principios generales.
Por otra parte, en muchas ocasiones, el mismo Morin establece una división dualista entre la ciencia clásica y el paradigma de la complejidad, que no responde a la historia de la ciencia. Por señalar sólo un ejemplo, Rudolf Carnap, miembro pionero y continuador del Círculo de Viena, transitó del verificacionismo dogmático al confirmacionismo probabilístico. En ese sentido, las hipótesis científicas debían evaluarse según el grado de apoyo probabilístico inductivo que la evidencia les otorgaba. Este reconocimiento de grados intermedios rompió con la lógica binaria del empirismo lógico original (verdadero/falso). Si bien Morin ubica a Karl Popper dentro de la ciencia moderna, el racionalismo crítico fue precursor de los nuevos desarrollos de la ciencia, como reconoció llegó a reconocer parcialmente el mismo filósofo francés.
La historia de la ciencia moderna no fue mera especialización, también incluyó colaboración, fusión y prestamos metodológicos entre distintas disciplinas y el descubrimiento de leyes comunes (Watson, P. 2017). Desde mediados del siglo XIX, la formulación de la primera Ley de la Termodinámica o Ley de Conservación de la Energía, implicó a la física y a la química, conectando el estudio del calor, la óptica, la electricidad y el magnetismo bajo un mismo principio físico. La teoría de la evolución de las especies de Charles Darwin (1859) no sólo fue un logro de la biología, sino que también comportó la participación de la geología, paleontología, antropología, geografía y la astronomía de espacio profundo. Desde los inicios del siglo XX, encontramos numerosísimos ejemplos, pero ya no conformarían strictu sensu a la ciencia clásica sino al surgimiento de un nuevo espíritu científico, correlacionado con la teoría de la relatividad general y la física cuántica.
De manera ilustrativa, podemos agrupar a los autores que abordan la obra moriniana en acólitos, detractores y analistas mesurados.
Acólitos
Para los académicos e investigadores venezolanos Jacksson Álvarez y Maryuri Mercado (2024), el paradigma de la complejidad ofrece una perspectiva integral y transdisciplinar para la comprensión multidimensional de los fenómenos actuales. Es un enfoque imprescindible para superar la visión clásica científica; fragmentada y lineal. En líneas generales, aborda los fenómenos biológicos, sociales y económicos como sistemas abiertos, dinámicos e interconectados. Fundamentalmente, incorpora nuevos conceptos epistémicos como autoorganización, emergencia, recursividad, retroalimentación y dialogicidad. La sensibilidad a las condiciones iniciales de ciertos sistemas, implican azar, incertidumbre e impredictibilidad. El pensamiento “crítico” comportaría la evaluación y análisis de perspectivas diferentes y la elusión del dogmatismo.
Según los filósofos mexicanos Alan Rentería Rentería y Juan Pablo Martínez Ponce (2023), las ciencias de la complejidad y el pensamiento complejo moriniano, se inscriben en el paradigma de complejización de la realidad. Constituyen perspectivas distintas pero destacadas entre otras, por sus aportes, y en su complementariedad. La idea sería buscar puntos de diálogo y encuentro que admitan la pluralidad sin ocultar sus especificidades.
Los seguidores acríticos de Morin son muy numerosos y ampliamente diseminados en las universidades. No obstante, también encontramos detractores mordaces que intenten su pleno descrédito.
Detractores
Entre sus descalificadores más enconados encontramos como ejemplo conspicuo al antropólogo argentino Carlos Reynoso (2008), para quién la obra de Morin, es inconsistente y contradictoria y constituye más bien un obstáculo para acceder a las técnicas de la complejidad. Las encarnizadas críticas son innumerables, algunas de las cuales son plenamente válidas, pero otras son evidentemente sesgadas.
Según este autor, Morin no habría recogido con fidelidad los antecedentes en el tema, deteniendo su revisión bibliográfica en el año 1984, cuando apenas las teorías de la complejidad y el caos comenzaban a plasmarse. Morin habría criticado a la filosofía tradicional y a la ciencia clásica, con el determinismo que les cuestiona.
Reynoso intenta socavar la validez de los principios nodales del pensamiento complejo con las siguientes argumentaciones. Los polos del principio dialógico son abordados de modo esencialista, pero orden y desorden no son entes, sino nombres descriptivos de estados inscritos en un continuum. Las causalidades circulares y no lineales jamás fueron categorías técnicas en la práctica experimental y hoy son simplemente conceptos científicos inexistentes. No lineal es un concepto cuantitativo y no topológico. Para este autor, la circularidad de los bucles es una metáfora de orden imaginario. Por otra parte, la hologramaticidad no es la clave necesaria de toda complejidad. Al paso del tiempo, la idea de holograma se ha ido circunscribiendo a unos pocos nichos tecnológicos. No es una noción independiente de dominio. Verbigracia, en objetos autosimilares como los fractales, los fenómenos de homotecnia o autosimilitud se manifiestan solamente en ciertas escalas, previa categorización y segmentación del objeto. Las nociones morinianas de todo y partes serían imprecisas: “no todos los todos están en todas las partes”.
En palabras del destacado profesor de filosofía venezolano José Padrón Guillén (2016), la complejidad no constituye un paradigma, ni tampoco un enfoque epistemológico, sino tan solo un concepto teórico específico, que ha sido manipulado ideológicamente por ciertos autores de las ciencias sociales. En realidad, encontraríamos una concepción racionalista científica, de la mano de Wagensberg y otra noción vivencialista, subjetivista, relativista, retórica, engañosa y ambigua, suscrita por Morin.
Si bien, en general, no coincido con la crítica sesgada que Carlos Reynoso dirige a la obra moriniana, cabría indagar en profundidad en algunos de sus serios y detallados planteamientos. Este autor argumenta que los principios de identidad y no contradicción no son exclusivas aplicaciones mutilantes del principio de simplicidad de la ciencia cartesiana occidental. En esta línea de ideas, señala que estos fundamentos lógicos operan en lógicas orientales clásicas (desde el siglo VI a.C.) y constituyen una arquitectura de razonamiento universal respaldada por la antropología cognitiva. Además, agrega y destaca que incluso las inferencias y modelos de Morin se apoyan implícitamente en estas bases lógicas universales. Cabría señalar aunque sea de paso, que si esta tesis es verdadera, en el budismo, por lo menos, coexisten con lógicas paradojales.
Desde un análisis mesurado, otros autores elaboran y explicitan críticas pero reconocen aportes del autor, aunque lo reubican como una propuesta, entre otras, y no necesariamente la más relevante.
Analistas mesurados
Para el sociólogo, historiador y académico mexicano Enrique Luengo González, E. (2017), el paradigma de la complejidad no constituye una teoría unificada, sino un marco de referencia, en otras palabras; una perspectiva abierta de búsqueda de recursos cognitivos para una aproximación atinada a la realidad. Luengo, resalta tres vertientes, en construcción, con diferencias de énfasis, a saber; las ciencias de la complejidad (actividad científica), el pensamiento complejo moriniano y los enfoques holistas (cosmovisión), que reciben críticas disímiles. La primera se cuestiona por su supuesto cientificismo, la segunda, por suscribir una filosofía del sujeto y la tercera, por un eventual escaso rigor empírico. No tendría sentido encasillarse en alguna vertiente porque la apertura, la crítica y el diálogo enriquecedor serían consustanciales al paradigma de la complejidad.
Entre las vertientes de la complejidad enumera cinco: enfoques sistémicos, pensamiento complejo (Morin, E), ciencias de la complejidad, paradigma ecológico y enfoques holistas. Todas estas corrientes confluyen en los siguientes principios:
- La complejidad como síntesis y potencial integrativo.
- La visión inter y transdisciplinar.
- La oposición a la ciencia normal o a la ciencia moderna convencional.
- El estudio del cambio y el papel del tiempo.
- La no-linealidad de la realidad y la incertidumbre.
- La revisión de la causalidad clásica y la complejidad.
- La capacidad autoorganizativa de los sistemas y el surgimiento de emergencias.
Anotaciones de un cierre – abierto
El tiempo transcurrido desde la publicación de las tesis iniciales del autor principal que nos ocupa, ha permitido redefinir el lugar de sus contribuciones intelectuales.La postura más sensata y equilibrada parece ser la evaluación crítica del planteamiento moriniano, pero con la integración de aportes ubicados más allá del ámbito epistemológico.
En el campo epistemológico, nos permitió aproximarnos al terreno de los nuevos desarrollos científicos con aplicaciones pertinentes en las ciencias sociales. Morin nos proveyó de recursos cognitivos de singular valor para aproximarnos a nuestro peculiar objeto de estudio. Aunque en mi caso individual, justo es reconocer también el papel de mi maestro Jesús Ibáñez, en su momento, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y padre de la sociología cualitativa hispana.
Edgar Morin aportó y enriqueció significativamente a la sociología de la realidad global contemporánea y a una sólida ética de la civilidad. En el campo educativo señaló derroteros harto válidos para nuestros tiempos. En el terreno político, nos ofreció herramientas conceptuales contra el totalitarismo y las ideologías que los sustentan.
Olvidar a Morin es un título que reincorpora implícitamente un elemento central del pensamiento moriniano: la paradoja, y que nosotros rescatamos para el estudio de ciertos fenómenos sociales. La discusión y el análisis del pensamiento de un autor son todo lo contrario de la desmemoria. No podemos olvidar nombrando y analizando las tesis de un autor genial.
Es la segunda vez, después de muchos años, que parafraseo el título del libro de Jean Baudrillard “Olvidar a Focault”. La primera, para revertirla a su propia obra, con motivaciones análogas a las presentes. No lo hago para hablar de la obsolescencia de un pensamiento sino de la caducidad de una forma dogmática de rescatarlo.
La antigua equivalencia entre complejidad y pensamiento moriniano es más que simplificación, una caricatura. Desde hace tiempo es un absurdo seguir autores en singular, en lugar de escuelas, enfoques y paradigmas. Eso no significa que planteemos la amnesia sino una apreciación de sus logros y una ponderación de sus errores, lógicamente presentes en sus planteos, en concordancia con su propia perspectiva, porque Morin consideraba que todo conocimiento conllevaba el riesgo del error y la ilusión. Y por lo tanto, su trabajo intelectual no podía dejar de estar atravesado por esta dialéctica de la verdad y la falencia. Con todo, su obra ha retroalimentado como pocas nuestros saberes, aunque las derivas hermenéuticas hacia el contructivismo radical han sido perniciosas. Agradeceremos siempre que sus textos nos hayan acompañado generosamente por los pasillos de la academia para vincular lo que está entretejido.
©Trópico Absoluto
Referencias
Alvarez , J. y Mercado, M. (2024). “Paradigma de la complejidad. Claves y valores para una nueva comprensión del mundo”. ScieloPreprints. https://preprints.scielo.org/index.php/scielo/preprint/view/9285/17308
Padrón Guillén, J. (2016). “Sobre la complejidad, sus verdades y sus falacias asociadas”. Revista de Investigación Educativa Entretemas. UPEL. https://padron.entretemas.com.ve/SobreLaComplejidad_SusVerdadesYFalaciasAsociadas.pdf
Luengo González, E. (2017). “Las vertientes de la complejidad. Diferencias y convergencias. Pensamiento sistémico, ciencias de la complejidad, pensamiento complejo, paradigma ecológico y enfoques holistas”. Congreso Mundial por el Pensamiento Complejo. Los desafíos del mundo globalizado.París, 8 y 9 de diciembre de 2016 https://cibernetica.wordpress.com/wp-content/uploads/2020/12/13-luengo_las_vertientes_de_la_complejidad.pdf
Rentería Rentería, A. y Martínez Ponce, J. (2023) “El Paradigma de la Complejidad”. Ciencia Latina. Revista Científica Multidisciplinar. Septiembre-Octubre, Volumen 7, Número 5. Universidad Autónoma de Chihuahua. México. https://ciencialatina.org/index.php/cienciala/article/view/8652/12895
Reynoso, C. (2008). “Modelos o metáforas Crítica del paradigma de la complejidad de Edgar Morin”. Revista Entretemas. Universidad de Buenos Aires. Grupo Anropocaos.. https://padron.entretemas.com.ve/documentos/Reynoso-CriticaMorin.pdf
Watson, P. (2017). Convergencias: El orden subyacente en el corazón de la ciencia (J. L. Riera, trad.). Crítica. Nota. Para este texto en específico usé un resumen de Gemini.
Carlos Colina (Caracas, 1960), estudió sociología en la Universidad Central de Venezuela. Especialista en comunicología en la Universidad Complutense de Madrid. Profesor Titular de la UCV e investigador del ININCO (1993-2018). Catedrático de Teoría de la Comunicación. Orden José María Vargas. Posee una amplia obra ensayística con cinco decenas de artículos en revistas especializadas y arbitradas. Entre sus veinte y un libros en calidad de autor, coautor y editor encontramos dos premios nacionales del CENAL: por Ciudades Mediáticas (Caracas: UCV, 2005) y mención honorífica por Mediaciones digitales y globalización (Caracas: UCV,2003). Además ha publicado: Sabanagay. Disidencia y diversidad sexual en la ciudad (Caracas: Alfa, 2009), Arcoiris Mediático. Comunicación, género y diversidad sexual (Madrid, 2011), e Hipercomunicacion. Cyborgs, Inteligencia artificial y metaverso (Caracas: Abediciones-UCAB,2024).
0 Comentarios