Informe Arawak. (Sobre el reaparecido fondo del Programa Arqueología de Rescate)
El redescubrimiento del fondo arqueológico del antiguo Programa de Arqueología de Rescate de Corpozulia reabre preguntas sobre la memoria material del Zulia y el destino del patrimonio científico en Venezuela. Entre piezas olvidadas, restos humanos y décadas de abandono institucional, el texto reconstruye la historia de una de las colecciones arqueológicas más importantes del país: un archivo excepcional sobre el mundo arawak que aún espera ser estudiado. Más que un inventario de hallazgos, es una llamada urgente a preservar aquello que sobrevive al olvido.
Invitados por su director, el profesor Jon Aitor Romano, estuvimos en el Museo de Arte Contemporáneo del Zulia (MAZUL) el día 21 de enero de 2024. Durante el recorrido nos dimos cuenta de que en uno de los depósitos de utilería estaba la colección del fondo de arqueología del antiguo programa de Corpozulia. Sin noticias del fondo a lo largo de muchos años, felizmente podíamos contemplar el legado de la mayor gestión de Arqueología de rescate ejecutada en el país. El fondo estuvo en custodia del CICASI en un galpón ubicado en la vía a la Cañada de Urdaneta, de allí fue llevado a la Facultad de Ciencias, solicitado para las actividades de la recién creada Maestría de Antropología. Allí fue resguardado de manera inercial, pues no generó una actividad real de investigación y estudio. En una fecha incierta es trasladado al MACZUL, donde ha estado como en un limbo y fuera de toda posibilidad de integración a actividades de docencia e investigación durante los últimos años.
La parte museable al parecer ha seguido otros itinerarios, piezas completas y conjuntos unitarios han sido expuestos en dos o tres ocasiones y a lo largo de un período que va quizás desde antes del cierre formal del programa de arqueología por parte de la Directiva de Corpozulia hasta hoy. Estuvo, por ejemplo, en el Planetario ubicado en la vía a Santa Cruz de Mara dirigido por el presbítero Ocando Yamarte, luego fue mostrado en el Centro de Arte de Maracaibo y un pequeño número de piezas se mantienen en el propio MACZUL, en su área de bóveda. El Centro de Arte todavía mantiene en sus instalaciones lo cedido. En cuanto al lote museable existente en el MACZUL el número de piezas no se corresponde con el indicado en una inspección hecha por funcionarios de Corpozulia en el año 2013. Solicitamos al profesor Romano nos permitiera examinar la colección fragmentaria, miles de piezas representativas de distintos estilos de cerámica, materiales y técnicas; miembros y fragmentos óseos de tamaño variopinto, cráneos, muestras de fauna relacionada con la rutina de aquella etnia, muestras de tierra y arena, algunos fósiles y madera petrificada, instrumentos líticos.
Como puede entenderse se trata de un universo mostrado en sus objetos y expresiones funcionales y artísticas, susceptibles de representar la cultura inmediata de una etnia en relación al paisaje y un territorio de significación cósmica. El rigor con que fueron llevadas a cabo aquellas excavaciones, el cuidado de la organización y codificación del ingente volumen, muestra el alto nivel profesional de la tarea, pero también el criterio sobre los usos ulteriores de aquel acopio. No es en absoluto una masa indiferenciada, aunque bien consignada, puede distinguirse una ordenación conceptual de los objetos, por su naturaleza y relación con la actividad humana, por su incidencia y preponderancia. Habitat y medio ecológico aparecen como continuidad, es posible verificarlo desde un ajuste general de la colección: tierra, humus, sustratos son parte de lo acarreado, pensado para enriquecer testimonio y análisis.
Tanto la diversidad como la nutrida representación permiten organizar un prospecto de investigación cómodo para los aspectos probatorios; hasta ahora, y tras casi 50 años esa tarea no ha sido acometida. La valoración de la antropología física, por ejemplo, daría inicio a las subsiguientes precisiones comparatistas: etnología y sociología de la cultura, interpretación del proceso de formación de la propia etnia, impacto del poblamiento, relación y modificación del medio. En el curso del desarrollo aparecieron tres boletines informativos, en ellos se daba cuenta de los adelantos, se hacía balance y también se advertía de la orientación y problemas del programa. En el número 1 (enero-diciembre, 1980) hay una relación de las fuentes documentales relativas a la actividad arqueológica en el estado Zulia, una sección dedicada al sistema de registro y método; aparece ya la identificación de los sitios de excavación, 23 para ese momento, llegaron a concluir poco más de 100. También un balance de las “manifestaciones perdidas del arte rupestre en el estado Zulia”, todo cuanto quedó bajo las aguas de las represas de Tulé y Manuelote, monolitos destruidos en la construcción de carreteras y acceso a las haciendas, y se advierte del riesgo de desaparición y destrucción de sitios arqueológicos por las obras de infraestructura del Complejo siderocarbonífero.
La colección representa el registro y repositorio exclusivo de una etnia, orientado desde el sustancial conocimiento de ese pueblo arawak que debemos a un conjunto de estudios previos
El programa, dirigido por Víctor Núñez Regueiro y Marta Tartusi, puede tenerse como modelo de gestión en tiempos de usos y disposición de métodos y procedimientos avanzados en materia de etnografía aplicada. Junto con el trabajo de campo el equipo difundía hallazgos y acuerdos y hacía llegar comunicaciones a foros y congresos, también aparecieron artículos y monografías en revistas como Acta Científica Venezolana, calzados con sus nombres y de sus colaboradores. (“Efectos de la contaminación por carbón inerte en la datación radiocarbónica del sitio Z-102. Rancho Peludo, Venezuela”. ACV 36(5-6): 384-400. Caracas, 1985: Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia, Relaciones entre el área occidental de la cuenca a del lago de Maracaibo con las áreas vecina. Wagner, E., editor. Relaciones prehispánicas de Venezuela. Caracas, 1984: Fondo Editorial Acta Científica Venezolana, 67-88). El análisis de carbón inerte del estudio arriba indicado fue encargado a la Universidad de Yale.

Asimismo, un aporte no menor constituyó la rectificación de los períodos, mediante un “exhaustivo registro en la región Socuy-Guasare, a través del cual se modificó la secuencia cronológica del sitio llamado Rancho Peludo al eliminarse el juego de fechados radiocarbónicos del segundo mileno a.C. y se descartó el cultivo de yuca amarga”, (El arte prehispánico de Venezuela. GAN, 1999). La colección representa el registro y repositorio exclusivo de una etnia, orientado desde el sustancial conocimiento de ese pueblo arawak que debemos a un conjunto de estudios previos —los wayúu quizás sea la etnia venezolana con más y mejor bibliografía en su haber. Es la única muestra de esas características, totalizadora y unitaria, que tenemos en el país; las demás son reuniones heteróclitas y aunque extensas generadas a lo largo de más de cien años, resultado de excavaciones aleatorias y suministro de colecciones particulares. Por primera vez el conjunto de lo rescatado se quedaba en la región, de las excavaciones previas a lo largo del siglo XX la mayoría se encuentra fuera del país (Gallagher, Cruxent, Wagner, Sanoja), y unas pocas muestras en el IVIC, institución asociada en una segunda fase a labores del Programa Arqueología de Rescate. Como objeto y fuente de estudio, el repositorio permite adentrase en varios campos de las ciencias sociales, desde la antropología física hasta la medicina, la interpretación de un modelo de asentamiento y el intercambio con la naturaleza, en un sentido funcional y ritual, sería también un escenario fecundo para desarrollos de sociología de la religión, mitografía e imaginarios de representación. La variopinta cerámica, por ejemplo, desborda una concepción utilitaria tanto en imágenes como usos, y no menos las técnicas y recursos de ejecución, estas van desde el simple barro cocido hasta lo que parece ser templado de altas temperatura, tipo rakú. Variaciones como la presencia de 17 alvéolos en una mandíbula inferior dan espacio para alguna reflexión odontológica. Astas y mangos, cabezas minimalistas de animales brumosos encaminarían una interpelación de zoología fantástica.



El volumen de lo rescatado, la densidad de representación, el buen estado de los fragmentos permitiría despejar la realidad de una antigua relación que Miguel Arroyo llama “fantasma”, es decir, la influencia y transposición del estilo colombiano a esta zona. “Antes de continuar con el tema de influencia o trasplantes, tengo que advertir al lector que el “fantasma” que más se materializa e inmaterializa en las culturas prehistóricas zulianas y en las de otras regiones del país, es el del estilo colombiano de Malambo.” (El Arte Prehispánico de Venezuela, GAN). En cuanto al lote museable, su ruta ha sido más pública, como objetos mensurables y de evidente valor en el mercado del arte, eso mismo los hace blanco de la codicia y con seguridad ha sido menoscabada. Hasta donde sabemos se han mostrado en dos o tres oportunidades en actividades expositivas de instituciones públicas. En El arte prehispánico de Venezuela (1999), el arqueo magno de la Galería de Arte Nacional, aparecen dieciséis (16) piezas, fotografiadas en la adecuada perspectiva, todas de la llamada serie Ranchoide. Valiosos datos incisos en las fichas permiten establecer el origen inmediato de la ubicación y dónde fueron expuestas. Cinco de esas piezas estuvieron, al momento de ser fotografiadas, en el Planetario de la vía a Santa Cruz de Mara, cerca de Maracaibo, el resto se encontraban en las oficinas de Corpozulia, el edificio de la avenida Bella Vista de Maracaibo. Una selección del conjunto permanece en el nombrado Centro de Arte de Maracaibo.
En el MACZUL, custodio actual de la colección fragmentaria, hay un grupo de entre doce y quince piezas, separadas en la bóveda del museo, pero una inspección de 2013, verificada por funcionarios de Corpozulia, indica la existencia de treinta y una (31) piezas, cantidad real del préstamo. Hacia 1998, fecha de acopio del catálogo de la GAN, la totalidad de lo museable se encontraba en manos de Corpozulia. Los autores del catálogo de la GAN se detuvieron en el conjunto de Corpozulia e hicieron observaciones relativas a diseño, cromatismo, simbología, y pudieran considerarse así de las primeras valoraciones que atienden aspectos no utilitarios y realzan un mundo donde un imaginario se nos muestra en su filiación con una sensibilidad artística.
“Sus motivos preferidos son: una equis (X) cuyos lados están formados por una sucesión de diagonales paralelas (generalmente tres) pintadas en negro o marrón sobre fondo blanco o crema (…) Sin embargo, no deja de ser importante el fuerte estímulo visual que crean. Se produce, pues una inversión en la que el fondo pasa a ser forma y este fondo. En general los ornamentos están realizados con tanta libertad y destreza que nos permiten ver que no son producto de la paciencia sino de la sensibilidad y compenetración con la acción que se realiza”. (Miguel Arroyo)
Quizás poco después de la eliminación del programa la colección fragmentaria fue enviada a un galpón del CICASI, carretera en la vía a la Cañada de Urdaneta. Allí estuvo al margen de toda gestión y conocimiento hasta el momento de ser solicitada por el Departamento de Ciencias Humanas de la Facultad Experimental de Ciencias, y en la ocasión de la creación de la Maestría de Antropología. Existió un convenio inicial entre Corpozulia y la Universidad del Zulia, suponía el respaldo académico, y aunque los programas de la disciplina eran incipientes en la universidad nunca se ampliaron, y con la extinción formal del programa ya no hubo posibilidad de retomar una relación que hubiera significado la consideración de la colección con criterio científico. Desconocemos los usos y el resultado de las tareas docentes, si los hubo, durante aquella permanencia. Tampoco sabemos en qué momento es trasladada al MACZUL, pues no tenemos un protocolo de entrega e inspección. En la bitácora del día de la profesora Anabelí Vera, directora del Museo hasta principios de 2023, aparece una nota marginal, se transcribe solo con ánimo demostrativo, pues no es posible saber cuál es la circunstancia: “Sr. Diego Arrias (0425-9444379). Prof. Johny Alarcón (0416-2629084). En depósito tenemos cajas con fósiles (sic) que se están deteriorando y perdiendo. Convenio FEC + Maczul, 15.01.2018”. La directora Vera acompaña el envío de aquella admonición con una coletilla: “Nunca encontré el convenio y no se tampoco en qué año se firmó”.

Estado actual y tareas de resguardo
El conjunto está parcialmente desplegado en un ala de la planta baja del Museo, un depósito de materiales y equipo desincorporados, en realidad es la zona de acceso y servicio. Son 16 (dieciséis) estantes metálicos de cuatro niveles de entrepaños y formando cuatro filas, los fragmentos están contenidos en cajas de celulosa de 30×15 y 20×10, cartonaje armado de manera expresa para ese uso. En el tope de cada estante están las piezas de mayor tamaño, en cajas cúbicas de 40×40 centímetros y de un material sintético, son los llamados Archicómodos. Las cajas de celulosa se conservan en buen estado, sin deformación y buena rigidez, pero las sintéticas se han degradado y están en proceso de desintegración, las más cercanas a la luz han perdido su constitución y se hacen polvo al tocarlas.
El resto de la colección, 35-40%, permanece en cajas tipo clover de mudanza, apiladas y sostenidas contra una pared, contienen a su vez las cajas chicas, las situadas en la base están sometidas a presión y pudiera haber deterioro del contenido. Los estantes donde debiera emplazarse este otro lote están en un área contigua, en total son 9 (nueve), y han debido ser parte del ajuar de su anterior ubicación en la FEC. Cinco visitas de trabajo hicimos al depósito y con el fin de ordenar y despejar las situaciones inmediatas de riesgo. Los estantes inestables fueron nivelados, los entrepaños que habían perdido tornillos y amenazaban deslizamiento de cajas fueron fijados, el contenido de un par de cajas desprendidas fue puesto en bolsas plásticas y conservando su codificación de campo, aspecto clave para futuras investigaciones. El contenido de una caja clover, deteriorada, fue trasladado a otro continente con su debida identificación. Aseamos y despejamos el lugar hasta donde fue posible, no solo por razones sanitarias sino de dignidad, pues entendemos que el lugar resguarda restos humanos y en esa medida debe ser tratado como un santuario.
La permanencia inadvertida de la colección en el museo de alguna manera la ha preservado de usos indebidos, la institución no ha adelantado ningún uso expositivo o de investigación. La buena disposición del profesor Romano permitió verificar su existencia en el museo, durante años estuvimos indagando su paradero, y la teníamos a la mano sin saberlo. Las visitas de trabajo preventivo no pudieron continuarse, la última fue el 23 de abril de 2024, y cuando ya no tuvimos acceso. El siguiente director las suspendió y así quedaba anulada la autorización escrita del precedente, profesor Romano. En ausencia de un plan de gestión, sin proyectos conocidos de revisión con fines científicos o cualquier otra valoración, y sin posibilidad de ser exhibida de manera adecuada, recomendamos dejar la colección fragmentaria en su lugar actual. Está guarnecida contra el efecto de agentes naturales (humedad, lluvia, filtraciones), y aun cuando las condiciones no son las más dignas, está a salvo de los daños irreversibles que supone una mudanza o movilización sin fines puntuales.
Maracaibo, 12 de mayo de 2024
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