Las brujas de Oswaldo Vigas llegan a China
Una retrospectiva de Oswaldo Vigas en el Guangdong Museum of Art, en Guangzhou, China, lleva siete décadas de la obra del artista venezolano a un escenario poco habitual para el arte latinoamericano. La muestra, curada por Gabriela Rangel y Jiang Jun, permanecerá abierta hasta el 22 de noviembre.
Hay algo inesperado en imaginar las brujas de Oswaldo Vigas en China. Aquellas criaturas que comenzaron a aparecer en su pintura en la Venezuela de comienzos de los años cincuenta, cuerpos extraños a medio camino entre mujeres, animales, máscaras y tótems, cuelgan ahora de las paredes de un museo en Guangzhou.
El viaje no es menor. Desde el 15 de agosto, el Guangdong Museum of Art presenta «Oswaldo Vigas: Reality is What I Imagine» («Oswaldo Vigas: La realidad es lo que imagino»), una retrospectiva que recorre cerca de setenta años de la obra del artista venezolano (Valencia, 1923 – Caracas, 2014). La exposición ocupa dos salas de la nueva sede Bai’etan del museo y reúne pinturas de distintas épocas junto a documentos de archivo.
Vigas tuvo una larga circulación internacional. Vivió más de una década en París, expuso en Europa, Estados Unidos y América Latina, y formó parte de una generación de artistas venezolanos cuya historia estuvo estrechamente vinculada a los grandes centros del arte occidental. Pero Guangzhou introduce otra coordenada en ese mapa. Esta vez sus obras no viajan de Caracas a París o Nueva York, sino que llegan a un país y a un público que estuvieron prácticamente ausentes de la geografía en la que se construyó su trayectoria.

La curaduría de la exposición está a cargo de Gabriela Rangel y el chino Jiang Jun. Rangel fue durante años curadora jefe de Artes Visuales de la Americas Society en Nueva York. Jiang ha desarrollado su trabajo en China entre la arquitectura, el urbanismo, la crítica y la práctica curatorial. Esa doble procedencia convierte la exposición en algo más que una revisión cronológica. Hay una mediación: una obra producida entre América Latina y Europa es reorganizada ahora para ser vista en Asia.
El recorrido se extiende desde los primeros años de Vigas hasta su producción madura. Entre las obras: «Bruja infante» (1951), «Proyecto para Mural en Naranja» (1953), «Objeto negro americano en tres bloques» (1956), «Incitadores» (1972), «Ancestral» (1976), y el díptico «Génesis» (1980). La selección permite seguir una obra que cambió de lenguaje muchas veces sin desprenderse del todo de ciertas imágenes iniciales.
Cuando Vigas llegó a París, a finales de 1952, esas figuras ya existían. Ese dato resulta importante porque altera una vieja manera de contar la historia de los artistas latinoamericanos del siglo XX: el joven que viaja a Europa, descubre allí la modernidad y regresa transformado. Vigas llegó con algo en el equipaje. Ya había recibido ese año en Venezuela el Premio Nacional de Artes Plásticas y el Premio Arturo Michelena, y había comenzado a construir una iconografía propia, alimentada en parte por su interés por las culturas prehispánicas americanas. París modificó su pintura -vendrían la abstracción, el informalismo y otras exploraciones-, pero no borró aquellas figuras. Las brujas desaparecieron, cambiaron, volvieron a aparecer.

La retrospectiva de Guangzhou permite observar justamente esa persistencia. No se trata de un Vigas inmóvil repitiendo durante décadas una fórmula reconocible, sino de un artista que podía abandonar la figura y regresar a ella años después desde otro lugar.
Los curadores han organizado la exposición en cuatro momentos de su trayectoria. El museo propone leer esos desplazamientos como parte de una discusión sobre las diferentes maneras de asumir la modernidad desde culturas distintas a la europea. Es la lectura institucional de la muestra y, al mismo tiempo, una señal del lugar desde donde China está mirando hoy a Vigas.
Pero hay otra pregunta menos fácil de resolver y quizá más interesante: ¿qué sucede con una obra cuando cambia radicalmente el lugar desde el cual es observada? Las obras viajan; sus contextos, no necesariamente.nUna bruja pintada por Vigas en Venezuela en 1951 llevaba consigo referencias que podían resultar reconocibles o al menos discutibles para un espectador latinoamericano. Setenta y cinco años después, frente a un visitante de Guangzhou, esas mismas formas entran en contacto con otras memorias, otras imágenes y otras tradiciones.
La curaduría de Rangel y Jiang funciona precisamente en ese espacio intermedio: ofrece las claves históricas para comprender de dónde viene Vigas, pero coloca su obra en un territorio donde esas claves ya no pueden darse por supuestas.
Tal vez ese sea el aspecto más sugerente de la exposición. No solamente que un importante museo chino dedique dos de sus salas a un artista venezolano, sino que aquellas figuras concebidas hace más de siete décadas hayan viajado lo suficiente como para perder la comodidad de su contexto original.
©Trópico Absoluto
“Oswaldo Vigas: Reality is What I Imagine”. Guangdong Museum of Art, sede Bai’etan, Guangzhou. Hasta el 22 de noviembre de 2026.
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