Dalita Navarro (1945- 2026). El oficio de construir comunidad a través del arte
Ceramista, promotora cultural y gestora de proyectos binacionales, Dalita Navarro dedicó buena parte de su vida a unir personas, preservar saberes y crear comunidad entre Venezuela y Colombia. Su legado permanece tanto en su obra artística como en las instituciones y espacios de formación que ayudó a construir.
Entre Venezuela y Colombia, Dalita Navarro fue muchas cosas: artista, promotora cultural, fundadora de proyectos, anfitriona de encuentros y defensora del patrimonio. Pero quizás la palabra que mejor resume su trayectoria sea otra: constructora. Construyó obra, instituciones, amistades y puentes entre personas que de otro modo nunca se habrían encontrado. Fallecida el pasado 18 de junio en Bogotá, a los 81 años, deja el legado de una mujer que entendió la cultura no solo como creación artística, sino también como una forma de unir territorios, preservar saberes y crear comunidad.
Ceramista por vocación, encontró en el barro un lenguaje para dialogar con el mundo. Nacida en Venezuela y radicada durante décadas en Colombia, desarrolló una obra que recorrió museos y galerías de América y Europa, marcada por una profunda conexión con las formas de la naturaleza y con los materiales de la tradición artesanal. Semillas, caracoles, corazones y otras formas orgánicas aparecieron una y otra vez en piezas que exploraban las posibilidades expresivas de la cerámica más allá de su dimensión utilitaria.
Sin embargo, su legado trasciende ampliamente la obra artística. En Colombia impulsó iniciativas culturales, promovió intercambios binacionales y encontró en la formación en oficios una de sus causas más duraderas. Su nombre quedará especialmente ligado a la Escuela Taller de Barichara, donde más de 1.800 jóvenes y adultos encontraron en los oficios tradicionales una oportunidad de de aprendizaje y arraigo. Desde allí promovió la enseñanza de la cerámica, la talla en piedra, la tejeduría, la encuadernación artesanal y otros oficios patrimoniales.
En los últimos años había encontrado refugio en Subachoque, en las afueras de Bogotá, donde instaló su taller y una pequeña galería. Desde allí preparó su más reciente exposición, un homenaje a Giorgio Morandi que devolvía al barro los objetos silenciosos de los célebres bodegones del pintor italiano. Incluso durante la enfermedad que enfrentó durante más de dos años, continuó acompañando proyectos, viajando a Barichara y participando activamente en la vida cultural que ayudó a construir.
En tiempos marcados por desplazamientos, fronteras y fracturas, la trayectoria de Dalita Navarro recuerda que la cultura puede ser también una forma de encuentro. Más allá de las piezas que dejó en museos, galerías y colecciones, permanece la huella de una mujer que dedicó su vida a conectar personas, transmitir conocimientos y fortalecer comunidades. Esa red de vínculos, tendida entre Venezuela y Colombia, constituye quizás su obra más perdurable.
©Trópico Absoluto
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