De la Doctrina Monroe a la Política del buen vecino
En un momento en el que las tensiones continentales Norte-Sur parecen sacudir nuevamente el fantasma del expansionismo estadounidense, que parecía haber quedado en el pasado, bien vale la pena revisar un período donde la coyuntura de la II Guerra Mundial logró una alianza pocas veces vista, casi unánime en el continente, enarbolando una integración hemisférica en el orden político, comercial y cultural, favoreciendo, no sólo el esfuerzo aliado en el contexto bélico, sino un empuje a las economías nacionales y un afianzamiento de las relaciones interamericanas por medio de valores comunes.
“Este es el Día de Acción de Gracias para todas las Américas. Donde nos escuchan, en Estados Unidos, por supuesto, tenemos otro día de acción de gracias además de este, una celebración familiar. Bueno, hoy pertenecemos a la familia más grande en el planeta, nuestra familia de Naciones Americanas. Es nuestro Día de Acción de Gracias por ser americanos y también por ser una familia. Esta parte de la celebración, esta transmisión, llega a ustedes desde el miembro de habla portuguesa de nuestra familia, la nación más grande en el mundo. Les estoy hablando a las personas de habla inglesa desde el otro lado del Ecuador, desde los Estados Unidos de Brasil. Es aquí donde la hermosa noción del hemisferio unido tiene más que un mero apoyo o aprobación. Mientras Brasil ha estado instando por el panamericanismo y luchando por él, desde que ese ideal noble y sensible se le ocurrió a ese pueblo por primera vez. Allá por 1820, enviaron un contingente de representantes a Washington para sugerir que nos organizáramos en nuestra parte del mundo, un concepto del “Poder de las Américas”. Esa es la espléndida frase que acuñaron hace más de cien años, acá en Brasil. El concepto del poder de las Américas para sostener el sistema general de independencia americana. Los brasileños han hecho mucho para que esa espléndida frase sostenga algo más que un sueño. Y al fin lo han logrado… Por fin lo han logrado.
Después de mucho trabajo y preocupación -de lo que poco saben los americanos- el sueño se está haciendo realidad. Las naciones de dos continentes permaneciendo juntas. Damas y caballeros, 1942 es el año que se verá bien en los libros de historia. Tenemos grandes esperanzas para este año del Señor. Tenemos derecho a ello. Ya es un año para enorgullecerse, y orgullo sentimos porque 1942 es el año de la Conferencia Panamericana en Río.” (Welles, 1942)[i].
El párrafo anterior corresponde a un fragmento de la trasmisión radial de la National Broadcasting Corporation (NBC), realizada desde Río de Janeiro en vísperas de la Conferencia Panamericana (1942). Las palabras, pronunciadas por Orson Welles para Estados Unidos, en su condición de embajador de buena voluntad para las Américas, ilustran con claridad los esfuerzos de acercamiento hemisférico que venía impulsando la administración del presidente Franklin Delano Roosevelt (1933-1945), en el marco de la II Guerra Mundial, en un intento de lograr el apoyo firme de las naciones del continente americano en el esfuerzo de guerra aliado, para combatir la amenaza de la penetración del nazismo en el continente.
Un vecino poco amistoso y la Doctrina Monroe
Las intervenciones armadas de Estados Unidos en América Latina desde el siglo XIX, fueron motivo de grandes tensiones y recelos en la relación Norte-Sur. La Doctrina Monroe, proclamada en 1823 por John Quincy Adams, secretario del presidente James Monroe (1817 -1825) establecía la condición libre e independiente de las Américas. Basado en esta premisa, Estados Unidos no avalaría futuras intromisiones europeas en territorio en las nacientes repúblicas americanas. Cualquier acto en este sentido sería considerado inamistoso y amenazante a los intereses de dicha nación. Se acuña entonces la célebre frase «América para los americanos».
Esta postura tutelar de la defensa continental reaparece en el Corolario Roosevelt. Bajo esta nueva interpretación, el presidente Theodore Roosevelt (1901-1909) justificó la actuación policial de Estados Unidos sobre las Américas, como garante del cumplimiento de los compromisos de las naciones del continente, por una parte, y vigilante de los intentos expansionistas de las potencias europeas, por la otra. La preocupación del gobierno norteamericano surge, en principio, por el bloqueo y bombardeo que, en las costas venezolanas realizaran en acción conjunta Alemania, Gran Bretaña e Italia en 1902, como medida de presión ante la negativa de Venezuela de honrar sus deudas con las potencias europeas.
Establecida como una suerte de ley internacional hemisférica, se propician bajo el principio del Corolario Roosevelt, una serie de intervenciones armadas, ocupaciones, tutelajes y el establecimiento de protectorados por parte de los Estados Unidos, principalmente en Centroamérica y el Caribe[ii]. Desde la perspectiva de América Latina, la implementación de esta política significó, principalmente, la protección de los intereses económicos de los Estados Unidos en la región, en la mayoría de los casos en detrimento de los países latinoamericanos y del respeto a sus soberanías.
La Política del Buen Vecino: Una nueva estrategia en las relaciones con América Latina
A partir de la década de los treinta, Estados Unidos decide darle un giro a su política exterior continental, en un intento por brindar una cara más amable, tras años de prácticas invasivas en países de la región. Un primer paso se da en la administración del presidente Herbert Hoover (1929-1933) cuando el Departamento de Estado publica el Memorándum Clark (1930), instrumento que había sido redactado por el subsecretario de Estado, Reuben Clark, en 1928, bajo el gobierno del presidente Calvin Coolidge (1923-1929). Dicho memorándum establecía el rechazo al Corolario Roosevelt como parte de la Doctrina Monroe (Crawford Barclay, 1945: 4). En lo sucesivo no se justificarían las intervenciones militares en América Latina, salvo que se diese una incursión armada por parte de Europa en la región.
Con la llegada de Franklin Delano Roosevelt a la presidencia de los Estados Unidos (1933) se entra definitivamente en una nueva etapa de las relaciones Norte-Sur. Lo que se conoció como el New Deal, se configura como una política de las relaciones internacionales con los países del hemisferio, bajo un trato menos coercitivo. En lo político implicó la implementación del sistema de consultas con los gobiernos de la región, para solventar problemas o conflictos que se plantearan entre las naciones o a lo interno de aquellas, suplantando el esquema de intervenciones armadas unilaterales por parte de Estados Unidos. En las relaciones comerciales se logró una reducción en las tarifas aduanales de los Estados Unidos, que habían ido incrementándose de manera asfixiante para las exportaciones latinoamericanas. En esa misma línea, se logran incentivos para un comercio internacional más abierto, buscando proyectos de asociación con los países del continente y una disminución de las barreras comerciales.
En su discurso inaugural del 4 de marzo de 1933, el presidente Roosevelt expone en una frase sus principios de política exterior al declarar: “Dedicaría esta nación a la política del buen vecino -el vecino que se respeta resueltamente a sí mismo y, por ello, respeta los derechos de los demás.” (Crawford Barclay, 1945: 4)
En la VII Conferencia Internacional Americana (Montevideo, 1933) se firma la Convención Sobre Deberes y Derechos de los Estados, donde se condena la injerencia de un estado en los asuntos internos o externos de otro (artículo 8). Asimismo, lo países signatarios reconocen que el territorio de un estado es inviolable y, por lo tanto, se condenan las ocupaciones militares u otras medidas coercitivas para hacerse de un territorio de un estado constituido (artículo 11). Este artículo establece, además, como norma de conducta de los estados suscritos, el no reconocimiento de adquisiciones territoriales por la vía violenta en cualquiera de sus manifestaciones (Dotación Carnegie para la Paz Internacional, 1938: 469).
Posteriormente, en el marco de la Conferencia Interamericana de Consolidación de la Paz (Buenos Aires, 1936) se celebra el Protocolo Adicional Relativo a la No Intervención, que fija los mecanismos diplomáticos y de consulta para resolver la violación a los estatutos de la no intervención.
Surge así la llamada Política del Buen Vecino, basada en el espíritu de buena voluntad para con los países de la región. Las naciones se debían solidaridad y apoyo mutuo, privando siempre el respeto a la soberanía de las repúblicas y condenando cualquier incursión armada. Ya no era América para los americanos, en un sentido de frente común ante las agresiones extranjeras, sino una posición que involucraba especialmente a Estados Unidos, como promotor de soluciones pacíficas en los problemas de los países vecinos, que pusieran en riesgo el espíritu democrático del continente, pero sin imposiciones. Para ello debía contar con la anuencia de los demás países miembros de la comunidad americana, mediante el mecanismo de consultas.
En sintonía con estos planteamientos, en 1934 se abroga la Enmienda Platt (vigente desde 1901). Este instrumento le daba facultades en los asuntos internos de Cuba al gobierno norteamericano, condicionando la independencia de Cuba a ciertas prerrogativas. Una de ellas consistía en el derecho de los Estados Unidos a intervenir militarmente en la isla para garantizar su «independencia» y la estabilidad de un gobierno «adecuado», en aras de preservar la vida, la propiedad y la libertad individual de los ciudadanos. Una vez emprendido el giro en las relaciones de Estados Unidos con las Américas, evidenciado por la derogación de la Enmienda Platt, se inicia gradualmente el retiro de las tropas estadounidenses en varios países del continente, con la excepción de la Base de Guantánamo, que continúa bajo administración especial del gobierno de los Estados Unidos hasta la fecha.
Hacia 1940, el panorama mundial se va tornando más crítico por los efectos de la II Guerra Mundial. El 27 de septiembre, Alemania, Italia y Japón celebran un tratado de alianza fundamentado en el reconocimiento de la supremacía de las tres naciones, mediante la instauración de un esquema de poder totalitario que les permita avanzar militarmente sobre Europa y el Asia Oriental, en la consecución de la hegemonía trasnacional. Bajo esta alianza, las tres potencias se brindarán apoyo mutuo en lo político, en lo militar y en lo económico, a fin de formar un frente unido contra las potencias que se opusieran al logro de sus objetivos.
En América, la amenaza aún resultaba lejana para la mayoría de los países del continente. De hecho, en la Conferencia de Consolidación de la Paz de 1936, se incluye como parte del programa de discusiones la neutralidad, como punto 3 del temario. Bajo esta línea de ideas, se firma la Convención Sobre Mantenimiento, Afianzamiento y Restablecimiento de la Paz, que estipula el carácter no beligerante de las naciones del hemisferio, y la utilización de las vías pacíficas para la solución de conflictos entre países americanos (Dotación Carnegie para la Paz Internacional, 1938:603-604). En los casos donde un conflicto extracontinental pudiese amenazar la paz de la región, se impondría el mecanismo de consultas para actuar mancomunadamente. Por los momentos quedaba establecida la posición neutral del Continente frente al conflicto europeo.
En el contexto de la guerra, el principio de buena vecindad pasa a ser la línea conductora de las relaciones interamericanas, sustentado en la idea de solidaridad continental.
Sin embargo, Estados Unidos advertía que la guerra librada en Europa trascendía a América, al quedar los países europeos expuestos a totalitarismos enemigos de los intereses estadounidenses, y de los principios democráticos americanos. La existencia, además, de posesiones de ultramar europeas en América, representaba una amenaza contundente para la libertad y la autodeterminación de los países americanos.
Ya para la Primera Reunión de Consulta entre los ministros de Relaciones Exteriores (Panamá, 1939) estos temores se expresan en el acta final, sección XII: Protección Contra las Ideologías Subversivas del Ideal Interamericano. En ella se recomienda a las naciones americanas eliminar aquellas doctrinas que contraviniesen el espíritu democrático del continente. Igualmente, en la Segunda Reunión de Consulta (La Habana, 1940) se establecen los mecanismos para regular las actividades de extranjeros en tierras americanas (Dotación Carnegie para la Paz, 1943: 122-123).
No eran reservas infundadas. Brasil, con su costa oriental cercana a la costa occidental de África, tenía una posición vulnerable frente a los países del Eje, a partir de las operaciones de Italia y Alemania en el continente africano. Por otro lado, la incursión de submarinos nazis en aguas americanas se había transformado en una amenaza al suministro oportuno de materias primas a los aliados en la guerra europea por vía marítima, así como de los insumos requeridos por las economías internas de los países del continente. En ese sentido, el mar nos separaba de la guerra, pero, al mismo tiempo, la aproximaba a nuestras costas, a medida que el avance del Eje en Europa, África y Asia les otorgaba el dominio del mar.
Por su parte, las representaciones diplomáticas de la Alemania nazi, así como residentes simpatizantes establecidos en el Continente, desarrollaron en algunos países de América Latina un trabajo de espionaje, adoctrinamiento y propaganda a favor de dicho país, por medio de aparentes actividades deportivas y culturales, organización de clubes, control sobre medios impresos y radios locales, operaciones comerciales, etc.[iii]
A finales del año 41, la guerra alcanza a Estados Unidos. El 7 de diciembre, el Imperio Japonés ataca sorpresivamente la base naval de Pearl Harbor en Hawái. Este ataque marca la entrada de Estados Unidos al conflicto como país beligerante, si bien ya desde 1939 venía colaborando en el esfuerzo de guerra aliado con Inglaterra y China, mediante el suministro de armas, materias primas (Zevin, 1946: 273) y la firma en 1940 de un acuerdo con Inglaterra donde ésta adquiría 50 destructores norteamericanos a cambio del arrendamiento, por parte de Estados Unidos, de las bases navales y aéreas británicas en sus colonias del Caribe (Departamento de Estado, 1943: 88-89).
Hasta entonces, Estados Unidos había apoyado el esfuerzo aliado, pero se mantenía como nación neutral al conflicto. Neutralidad relativa que, incluso halló detractores en el seno de la sociedad norteamericana. Para los sectores aislacionistas más radicales, el colaboracionismo del gobierno de Roosevelt atentaba contra la paz y los intereses económicos de la nación. Bajo esta óptica, la neutralidad preservaba la posición de Estados Unidos en la postguerra. El comercio y los intereses económicos tendrían un ámbito para la negociación más favorable, fuese quien fuese el vencedor. Bajo el nuevo escenario, las medidas de protección continental ante un posible avance nazi, pasan a ser prioritarias para el gobierno de los Estados Unidos. La Política del Buen Vecino, que se había enarbolado en la década anterior, partiendo de la iniciativa estadounidense de no intervención en los conflictos internos de las naciones americanas, toma un nuevo matiz a la luz de los acontecimientos del momento. En el contexto de la guerra, el principio de buena vecindad pasa a ser la línea conductora de las relaciones interamericanas, sustentado en la idea de solidaridad continental. En otras palabras, se privilegian la cooperación y la ayuda recíproca entre los estados americanos, como mecanismo de defensa del Continente ante amenazas externas. Tal cooperación se canalizará mediante acuerdos de índole económica, cultural y de inteligencia.
Luego del ataque a Pearl Harbor, se celebra en enero de 1942 la III Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de las Repúblicas Americanas, en Río de Janeiro. En este encuentro se aprueba la resolución que recomienda la ruptura de relaciones diplomáticas con los países miembros del Pacto Tripartito (Alemania, Italia y Japón) en respuesta a la agresión japonesa ejercida en contra de un país americano; así como la declaración de guerra al país agredido por parte de Alemania e Italia[iv]. A partir de esta resolución se rompe con la tradición de neutralidad que venía sosteniendo la Unión Panamericana (con las excepciones de Argentina y Chile, países que mantuvieron su posición de neutralidad hasta casi el fin de la guerra) y que en las dos reuniones previas (1939 y 1940), había quedado de manifiesto en relación con la guerra europea.[v]
En esta III Reunión de Consulta se firman adicionalmente una serie de resoluciones que fijan las directrices de este pacto de solidaridad interamericano en aspectos fundamentales como: la producción de materiales estratégicos para la defensa del Continente y la movilización eficaz de medios de transporte, a fin de evitar el desabastecimiento (como producto del cierre de los mercados europeos) y la utilización de sus flotas mercantes en el esfuerzo de guerra. Se concreta la colaboración económica sustentada en la activación del aparato productivo de los países americanos, en un intento por suplir la demanda de bienes y productos manufacturados provenientes de otras regiones extracontinentales, así como el suministro de materias primas necesarias para la guerra. Un punto fundamental acordado en dicha reunión fue la erradicación de las actividades subversivas llevadas a cabo desde el continente por residentes de los países miembros del Eje.
En virtud de la situación planteada y de las resoluciones de cooperación interamericana acordadas, se resuelve en esta reunión de cancilleres de manera oficial, la adopción de la Política del Buen Vecino “como norma del Derecho Internacional del Continente Americano” (Unión Panamericana, 1942). De esta forma la política de buena vecindad se transformaba en instrumento regulador de las relaciones entre los países del Continente, al otorgarle rango legal a los mecanismos implementados en las relaciones interamericanas, en el contexto de la guerra.
©Trópico Absoluto
Notas
[i] Transcripción nuestra
[ii] Algunos casos a inicios del siglo XX: el tutelaje en República Dominicana (1904) y el desembarco de marines en 1916; La Enmienda Platt en Cuba (1901-1934); la ocupación a Nicaragua (1909); la ocupación a Veracruz, México (1914); la Incursión al norte de México en persecución de Pancho Villa (1916) y la ocupación militar en Haití (1915-1934)
[iii] Un reportaje de la revista Élite se refiere a estos clubes, festivales deportivos y organización de actividades juveniles como parte de un programa coordinado por un conde Schulemberg, director de la sección extranjera de la ‘Liga de Atletas del Reich’. Estas actividades deportivas desarrolladas en América Latina, eran difundidas por un extenso aparato de propaganda, sustentado en locutores de radio deportiva, cuyo alcance -según el artículo- se extendía hasta los más apartados rincones de la Pampa argentina y el estado Río Grande del Sur en Brasil. Señala además el reportaje, la existencia de una ‘Oficina Central de Organización y Colonización en América’, donde se instruía a posibles agentes comerciales, profesionales de áreas económicas y científicas a establecerse en América Latina, en lecciones de español y portugués, sobre culturas hispánicas, leyes de comercio, cursos de política exterior. Este contingente entrenado era ubicado en cargos del servicio exterior, cuerpos secretos de inteligencia o en firmas comerciales alemanas o relacionadas con Alemania. Las sedes centrales de este tipo de organizaciones suministraban al personal material de propaganda (libros, folletos, películas). Organizaban eventuales planes vacacionales remunerados a través de un organismo conocido como ‘La Fuerza a través de la Alegría’ que permitía al pueblo alemán viajar a diferentes destinos turísticos dentro y fuera de Alemania a costos considerablemente económicos. En «Penetración Nazi en América» Revista Élite. Caracas, n° 820, 21 de junio de 1941. p. 41.
[iv] El proyecto de ruptura no beligerante con el Eje fue presentado por México, Colombia y Venezuela. En el borrador preliminar, se resolvía de manera tajante el cese de relaciones de toda índole con los países del Eje. Sin embargo, en la resolución definitiva, se modificó la redacción, estipulando la recomendación de romper relaciones con el Eje. Quedaba entonces a discreción de cada gobierno ejecutar la medida, de acuerdo a la soberanía y las leyes de cada nación, y no como una obligación acordada en el seno de la reunión. «La III Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, Río de Janeiro, enero de 1942» En Historia General de las Relaciones Exteriores de la República Argentina (TomoIX) http:// www.argentina-rree.com/9/9-019.htm[fecha:20/08/12]
[v] En la I Reunión de Consulta (Panamá, 1939) se firma la Declaración General de Neutralidad de las Repúblicas Americanas. Y en la II Reunión de Consulta (La Habana, 1940) se resuelve la creación de un Proyecto de Convención que norme las conductas y procedimientos en materia de neutralidad, a cargo del Comité Interamericano de Neutralidad. En Conferencias Internacionales Americanas (Primer Suplemento 1938-1942). Dotación Carnegie para la Paz. Washington, 1943.
Bibliografía
Anónimo (21-6-1941): «Penetración Nazi en América», en Revista Élite. n° 820, p. 41.
Barclay, Wade Crawford (1945): Greater Good Neighbor Policy, U.S.A.: Willett, Clark & Co.
Brockway, Thomas P. (1958): Documentos básicos de la Política exterior de Los Estados Unidos, Buenos Aires: Editorial Ágora.
Dotación Carnegie para la Paz. División de Legislación Internacional (1938): Conferencias Internacionales Americanas 1889-1936, Washington: Dotación Carnegie para la Paz Internacional.
Dotación Carnegie (1943): Conferencias Internacionales Americanas (Primer Suplemento 1938-1942), Washington:Dotación Carnegie.
Departamento de Estado de Los Estados Unidos (1943): Paz y Guerra. La Política Exterior de Los Estados Unidos 1931-1941, Washington, D.C. : Imprenta del Gobierno de los Estados Unidos.
Unión Panamericana (1942): Informe sobre la Tercera Reunión de Consulta de los ministros de relaciones exteriores de las Repúblicas Americanas. Río de Janeiro, Enero 15-28 de 1942, Washington:Unión de Repúblicas Americanas.
Zevin, B.D.[editor] (1946): Nothing to fear. The selected addresses of Franklin Delano Roosevelt 1932-1945. U.S.A.: Mifflin Company.
VV. AA (1998) «Historia General de las Relaciones Exteriores de la República Argentina (Tomo IX: Las
Relaciones Exteriores 1930-1943)» [en línea] Disponible en: https://www.argentina-rree.com/9/9-019.htm [Acceso:20/08/12].
Welles, Orson (1942) «Panamerican day»[sonido en línea] Disponible en: https://orsonwelles.indiana.edu/items/show/2046 [Acceso: 23/01/26]
Yelitza Vila Ramírez (Caracas,1974), es licenciada en Artes por la Universidad Central de Venezuela. Posee una Maestría en Historia de América Contemporánea por la Universidad Central de Venezuela donde desarrolló una tesis sobre la Doctrina Monroe. Se desempeña como investigadora de archivos para proyectos audiovisuales y expositivos, a la par de su trabajo en la gestión de archivos fílmicos y fotográficos patrimoniales.
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