La persistencia del cuento: una convocatoria que insiste en la escritura
Hay instituciones que, sin proponérselo como gesto épico, terminan sosteniendo la respiración cultural de un país. El Premio de Cuento Policlínica Metropolitana para Jóvenes Autores es una de ellas. En medio de un ecosistema donde publicar, circular y ser leído se ha vuelto cada vez más cuesta arriba, este certamen ha logrado consolidarse como un espacio de legitimación y expectativa. No es solo un premio: es una suerte de rito de paso para narradores en formación, un punto de encuentro entre la ansiedad de escribir y la posibilidad -siempre incierta- de ser reconocido.
La XX edición del Premio de Cuento Julio Garmendia, convocada para 2026, vuelve a abrir esa grieta fértil. Bajo el signo de uno de los nombres fundamentales del cuento venezolano, la convocatoria insiste en lo esencial: escribir. Podrán participar autores venezolanos o extranjeros residenciados en el país, menores de 40 años, con un único cuento inédito, de tema libre y en lengua española, de hasta 25 cuartillas. En esa aparente neutralidad de las bases se juega, sin embargo, una apuesta mayor: la de seguir alimentando una tradición que no se agota, que se reinventa en cada voz nueva que decide enfrentarse a la página.
Los plazos -del 16 de marzo al 17 de abril de 2026- marcan el ritmo de una espera que culminará el 29 de mayo, cuando el jurado integrado por Mariana Nava, Carmen Verde y Héctor Torres anuncie su veredicto. Los premios, fijados en su equivalente en dólares, son un estímulo tangible, pero acaso lo más significativo siga siendo la posibilidad de publicación y circulación. En tiempos donde escribir puede parecer un acto solitario y sin eco, esta convocatoria recuerda que aún existen espacios donde la literatura no solo resiste, sino que se proyecta. Para quienes deseen internarse en los detalles, matices y precisiones de esta invitación, la propia página de la Policlínica Metropolitana ofrece una cartografía más completa: un lugar donde las bases dejan de ser trámite y se convierten, también, en promesa.
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