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Drag Kings, una reseña

Por | 27 febrero 2026

En esta reseña, Claudia Cavallin aborda 'Drag Kings: Arqueología crítica de masculinidades espectaculares en Latinx América' como un proyecto que desestabiliza las nociones tradicionales de género en la región. A través de ensayos, imágenes y archivos, el libro propone una lectura crítica de la masculinidad desde el performance, la disidencia y la desidentificación. La autora destaca cómo estas prácticas revelan las tensiones del poder, el cuerpo y la identidad en América Latina. Una reflexión que expande los límites del género y cuestiona sus formas normativas.

Vasco Szinetar. «Las libertadoras». Caracas, 1990.

Abriendo las páginas de un libro que se mueve a través de diferentes capítulos ilustrados por artísticas imágenes pixeladas, mientras se expanden desde el rojo al negro, Drag Kings: Arqueología crítica de masculinidades espectaculares en Latinx América (Ediciones Metales Pesados, 2025) abre diversas puertas de discusión filosófica y literaria sobre ciertas prácticas cuyo discurso ideológico se multiplica en las acciones y disposiciones corpóreas, ampliando las identidades. En palabras de Javier Guerrero, «el sexo no precede al género, ni es una condición simple y estática de un cuerpo. Es, por el contrario, un proceso que implica su propia materialización en virtud de las normas reguladoras producidas repetidamente a través del tiempo» (Incógnita Genital: Carlos Leppe/Nelly Richard y la nueva programación del sexo), por tanto, el inicio de cada uno de los apartados de esta obra moviliza la discusión de la multiplicidad social más allá de lo masculino/femenino, como proyecto de crítica cultural, y como aquello que luego se ilustra en una de sus múltiples fotografías inmersas en las páginas del libro, presentes en ciertas «áreas de desvarío» (Carlos Leppe, Sala de espera, 1980). Porque los cuerpos y las identidades pueden partir de un performance que propone «una desidentificación como un símbolo que se involucra críticamente con la masculinidad» (Performar el cuerpo marrón, de Cecilia Fajardo -Hill), o de una analogía identitaria,  cuando un actor y un animal se representan «como la dirección que se basa en el control absoluto de un cuerpo», bajo interacciones tiernas y afectuosas que, en momentos de dominación sutil, puntualizan y se destacan como performances, pues se inscriben irónicamente en la tradición patriarcal (La pose cinematográfica: Lucrecia Martel y la performance de la autoría masculina, de Thomas Matusiak).

Es en ese giro identitario, como un género de la autoría en disputa, donde lo que Nathalie Bouzaglo define como una «masculinidad cosmética» emerge. Partiendo de la llamada nueva historia natural del hombre, esta obra se traslada desde las teorías de género, destacando a Rita Segato y Judith Butler, quienes amplían la independencia en la esfera de la sexualidad, hasta el llamado acceso abierto de la crítica. En palabras de Bouzaglo:

Toda a reflexión crítica que proponemos no solo intenta discutir las certezas del género, sino también poner en escena un juego de desidentificaciones que, pese a las nuevas presiones, tácticas y algoritmos del binarismo de género, imposibilite localizar los originales del sexo y del género: es decir, que inscriba espacios de autonomía material tras una deconstrucción de la formulación del género. (14)

Desde un atisbo abierto, crítico y reflexivo, que incluye a las poblaciones latinas e hispanas dentro y fuera de los Estados Unidos, Drag Kings traslada un proyecto que tuvo inicio en 2019, desde un mirar «hacia atrás» hacia las cautelosas alegorías que amenazan el statu quo de la masculinidad. Esta selección ensayística no solo gira en el tiempo, sino que reconoce la reconstrucción de las esferas del performance, de la práctica escritural, de la historia. Arcaísmos desestabilizantes en academias reales, como «varona» o la lógica dragamática que podemos encontrar en el archivo (Gestos ritualizados masculinos: por una arqueología, de Daniel Link) nos permiten avanzar, como lectores, en el viaje hacia las interesantes ontologías de la humanidad (Agamben), el género (Butler) o la nación (Molloy). En palabras de Link, nos movilizamos hacia «un costado de las prácticas que hoy podrían interpretarse muy rápidamente como drag, travestismo, transgénero, según los casos y las militancias específicas». Algunos ensayos se inician con un conversatorio, donde la entonación de cada palabra lleva la sonoridad de una identificación cruzada. La original Chavela Vargas, por ejemplo, traslada el sacrosanto de cada canción a los gestos de su cuerpo, a su respiración audible, a un tono de voz que concuerda con una guitarra «ebria», que es el eco de otra que es «incierta» (Masculina voz, de Licia Fiol-Matta, con traducción de Oriele Benavides y la autora). Sobre ese giro musical que respalda la diversidad de un cuerpo, se reconstruye también cierta masculinidad latente.

Nathalie Bouzaglo & Javier Guerrero (eds.) Drag Kings: Arqueología crítica de masculinidades espectaculares en Latinx América. Santiago de Chile: Ediciones Metales Pesados. 2025.

En palabras de Gina Saraceni «pensar en la masculinidad en América Latina implica el reconocimiento de que esa noción ha tenido una función capital, tanto en los discursos identitarios y nacionales, cuyos modelos están relacionados con la hegemonía sexual masculina, como con aquel que busca desestabilizarlo y ponerlo en crisis a través de políticas de visibilidad de género y sexo que exceden el esencialismo de la masculinidad y dan cuenta de otros afectos y emociones del cuerpo, así como de sus contradicciones y fugas» (Pelea de gallos: Arqueología de la masculinidad animal). En las referencias de Andrés Mendieta, «transitar de una identidad femenina impuesta a una masculinidad deseada» también construye una identidad autopercibida, donde una masculinidad femenina socava la creencia de la naturalidad inmodificable o universal (Arturo el “impostor”: un archivo a contrapelo de Galera y Gabán). Porque la masculinidad también ejerce un juego de diferencias, donde la diversidad de género también reconstruye los cuerpos.

Como señala Butler, es precisamente esa incógnita del cuerpo lo que se adhiere a los cuerpos que importan. El cuerpo correccional de Nelly Richard, la lujuria ortopédica, el código genital, se traslada en esta obra a lo que también se instaura en las correcciones de la incógnita que hemos mencionado. Allí, críticos como Judith Kegan Gardiner señalan que la noción de masculinidad femenina sigue siendo «un concepto elusivo e inherentemente paradójico» y advierten sobre «el peligro de reproducir las clásicas premisas de Stoller, especialmente las implicaciones misóginas que resultan de asociar el concepto de masculinidad con el de poder fálico (blanco)» (Mujeres con bigote: Masculinidades, género y la guerra de la triple alianza en la ficción de Joaquín Manuel de Macedo, de César Braga-Pinto). Volviendo a Butler, se trata de la performatividad del género, donde «la marimacho plebeya, trotamundos, escandalosas y pendencieras» puede(n) coexistir, como lo hacen las palabras en este juego pendular y ensayístico escrito por Carlos Gustavo Halaburda, llamado Espectáculos ojivales del género: Teratologías marimachas y cultura impresa en el México finisecular. Como en muchos otros capítulos del libro, la representación/invención de la marimacha fantasea lo inconcebible, perturba e intriga a los hombres, mientras sigue luchando por la rebeldía y la revelación del género.

Distintos capítulos de esta valiosa obra reconstruyen los espacios abiertos y destructores de la hegemonía, como hemos mencionado ya. En uno de ellos, volvemos a lo que Graciela Montaldo define como la Teoría crítica: Performance de la masculinidad en América Latina. Allí se reconstruyen los espacios haciendo mención a la escritura de Ángel Rama, a la pose —que es una forma de la acción que marca a los intelectuales—, a la literatura, a la política, a la feminización en los textos. Montaldo señala claramente que «hoy la teoría se ha vuelto feminista: un feminismo que incluye diversidades y que cuestiona las identidades». Coincidencias que transgreden un conjunto de discursos, con el que cerramos el giro de las palabras y ocultamos el doblaje de los cuerpos. Con Las batallas del coronel Robles, Diamela Eltit regresa a la fotografía para redefinir un cuerpo de poder, el del coronel que compromete su propia imagen en el juego de hacer visible la ambigüedad y lo arbitrario. Un cuerpo sobreviviente de las batallas que se adhiere al documento, a la foto que traduce una repetición de los cuerpos populares, el rostro de una pareja histórica, el descontrol, el disfraz, y la posesión moral de las siluetas humanas. Más allá de ello, Sylvia Molloy, traducida por Mariano López Seoane, nos permite retomar la experiencia de Teresa de la Parra, quien desdeñaba la «virilidad», mientras transmitía un tono conspiratorio en los traspasos de un secreto, o ciertos desplazamientos en su escritura. En Las ladies de Colette. Teresa de la Parra y el lesbianismo de resistencia, Molloy resalta la incomodidad de la homosexualidad en América Latina y la firmeza de un lesbianismo en el que no se reconoce la autoría y que «en términos específicamente latinoamericanos, es un lesbianismo de resistencia».

la representación/invención de la marimacha fantasea lo inconcebible, perturba e intriga a los hombres, mientras sigue luchando por la rebeldía y la revelación del género.

Como estos, otros ensayos tejen el amplísimo contenido de la obra, que se traslada entre las dragamatologías, arqueologías, machos, marimachas, maricones y maricuecas, hasta llegar a la sobrevida, una entrevista que Sylvia le concede a Javier, cuyo juego de palabras parte de las fascinaciones compartidas (Frida es una precursora. Sylva Molloy en acto de presencia). En cada giro se abren y se cierran los fragmentos identitarios, la diversidad, los espacios vacíos, la teatralidad discursiva, las relaciones inmediatas y urgentes, las denominaciones, las ceremonias, o lo que Juan Pablo Sutherland define como el quehacer artístico (Injuria y performatividad hiperbólica en Pedro Lemebel). Son rastros y quiebres que traspasan los modelos e interseccionan los cuerpos. Son las Marimachas en movimiento, de Nathalie Bouzaglo, quienes, como sujetos, seguirán desafiando las representaciones liminales que movilizan las normatividades, sus dispositivos de control y construcción, desde el espacio desigual, plural y contradictorio de las masculinidades espectaculares en América Latina.

Claudia Cavallin (San Cristóbal, Venezuela, 1972) es Profesora Asociada en la Universidad Simón Bolívar (Venezuela) y docente en el Departamento de Lenguas y Literaturas de Oklahoma State University. Es autora de los libros: Ciudades de película: Ficciones urbanas del cine, la literatura y la música (Editorial Académica Española, 2012) y Espectros de la palabra. La metáfora en Borges: los juegos del lenguaje que hacen posible la configuración de un universo de imágenes recursivas (Editorial Académica Española, 2012). Entre 2012 and 2015, fue directora de Estudios. Revista de Investigaciones Literarias y Culturales.

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