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Para traducir lo animal a poema

Por | 21 febrero 2026

En su discurso de recepción del XXV Premio Casa de América de Poesía Americana, Verónica Jaffé Carbonell comparte una reflexión íntima sobre la poesía como tránsito entre lenguas, imágenes y formas. Desde la experiencia del desplazamiento, su escritura recorre la traducción y la metáfora como modos de comprender el mundo. En diálogo con la tradición, lo animal emerge como una vía para interrogar lo humano y sus límites. Frente a los lenguajes automatizados, la autora reivindica una inteligencia poética y sensible. El texto traza así una poética de la fragilidad, la atención y la persistencia.

Verónica Jaffé, XXV Premio Casa de América de Poesía Americana. Foto: Casa de América

Buenas tardes,

Y por supuesto quiero comenzar por las gracias. Gracias a Benjamín Prado por su lectura atenta y pertinente. Gracias a Casa de América y todos sus colaboradores. Mil gracias a todos los miembros del jurado.

Quiero recordar aquí la otra ganadora venezolana de este premio. Le debo mucho a Yolanda Pantin, a sus lecturas y consejos. Y claro me enorgullece muchísimo estar en esta lista increíble de ganadores de convocatorias pasadas.

Gracias a Noni Benegas, a Berta Piñango por animarme a participar en la convocatoria a este premio.

Mil gracias a la poeta y profesora Esperanza López Parada por sus profundas, sus sabias palabras para la contraportada del libro.

Gracias a todos ustedes, paciente público presente.

Lo animal si poema es un intento de articular preguntas sobre la condición humana, que múltiples autores me han sugerido. Sin ánimo de responder a ninguna de ellas, ya sólo tratar de formularlas me ayuda, por instantes, a ver con más claridad. Hoy en día se habla tanto de la inteligencia artificial. Creo que por los caminos de un poema se llega, a veces, a claros del bosque más urgentes, los de la inteligencia emocional. Elias Canetti lo dijo mejor, «El pensar se aclara cuando se familiariza con las formas de los animales.» 

Pero antes quisiera comenzar mi lectura con algunos poemas que, como antecedentes, hablan también, desde una perspectiva diferente, de las formas y las figuras que componen este libro premiado. 

Son sobre todo dos esas formas, y son afines: la traducción y la metáfora.

De la traducción me gustaría retomar aquí dos de los así llamados poemas teóricos al principio del libro Sobre traducciones del 2010 con textos escritos entre los años 2000 y 2008. Es decir, en tiempos ya supuestamente revolucionarios en Venezuela.  Son poemas que tratan de reformular ideas, o más bien metáforas, que utilizaron teóricos de la traducción como Walter Benjamin o Martin Seel:

¿Qué esconde
Y jamás revelará
la traducción,
sino la lengua
real, o viperina,
la pura y simple,
mi lengua?

Dentro del bosque de las lenguas
escondido acecha
el original, para no tener
que responder, que con su
nombre llora, a la foránea
traducción.
Le contestará el eco,
ninfa ajena,
desde dentro de
su propio bosque.


Ya en este libro el diálogo, la conversación, más que una traducción de imágenes a poemas o de poemas a imágenes, reunía lo que llamé « traducciones», que son collages con diversos objetos, a veces con dibujos y textos escritos a mano o a veces impresos, y que hago en forma de cuadros, como poemas visuales, sobre distintos materiales como papel, cartón o lienzo.

Leo las primeras frases del epílogo de ese libro:

Hace poco me preguntaron por qué escribo poemas como traducciones, o traducciones como poemas, o como imágenes sobre lienzos o maderas o cartones.

Porque aprendí a relacionar, a entender lo poético, al menos lo poético moderno, con lo metafórico, es decir, con la imagen más que con la música, el ritmo arrullador o con la idea brillante, la reflexión aleccionadora.

Porque metáfora quiere decir transporte y traslación en griego, y lo que se transporta y traduce en la poesía son imágenes. Y al trasladarlas y traducirlas se entienden un poco mejor, o al menos de formas y en lenguajes diferentes. Así creo poder entender mejor, o en un lenguaje diferente, imágenes que me fascinan, me perturban o me conmueven.


Múltiples formas y figuras de traducción y metáfora me regalaron los llamados cantos de Hölderlin. Leo la versión muy libre de un fragmento que el gran editor de la obra de Hölderlin, D.E. Sattler considera parte de un himno o canto inconcluso:

¿Que la vida humana sea metáfora y traducción
de algo más trascendente, al menos por figura contraria?
Errores y penas terrenales se ven en inverso
espejo de perfecciones de lo celeste,
leen y comprenden como en escrituras,
los humanos, copian y traducen la ajena riqueza.
Porque de quién es la plenitud de la inocencia
sino del cielo, de sus campos de nubes como flores?
Pero la prosperidad de la lluvia y del húmedo rocío
es también de el, cuando la azul simpleza de la cándida
pregunta decae, brilla la palidez y apagada trasluce,
como en el mármol, la veta metálica,
señal de un más rico futuro.

(También parece cierto hoy,
mi maestro,
poeta).


En el libro De la metáfora , fluida, publicado por Visor en el 2019, que la gran lectora y editora Marina Gasparini me ayudó a montar con poemas escritos entre el 2009 y el 2014, la presencia de imágenes, de ríos y paisajes, de plantas y animales es definitoria.

Aconsejan
los confucianos
que cuando el gobierno es malo
hay que correr a las colinas

y huir de la humillación
en un retiro a la pintura,
no de grandes cuadros

colgantes, sino de
pequeños pero largos
rollos que pueden ser

admirados en la
contemplación privada
de un paisaje

de apacibles colinas
quizás o también de
trágicas caídas

de aguas o de rocas
venerables robles o encinas
de sabia cobertura.

¿Dónde pudiera hallar
en mi monte interior o colina
ya encina alguna?


Es hogar tu viaje

Después de la tragedia
de la épica primera

a musa cantó ya no
de cóleras ciudades
convertidas en cenizas
sino sobre los migrantes.

Porque
poesía
sólo la mudanza persiste
y es hogar tu viaje. 



Cuevas, catedrales

Cuando mi maestro hablaba
de la partida de los dioses,
de nuestro abandono moderno,
yo creía que lo hacia
de la antigüedad
grecolatina.

Ahora, mucho, después, creo
que se refería también a otra orfandad
más oscura y más profunda.
La que nos separa
de los animales,
esos seres otros

que no comprendemos, aun cuando
nos hablan hace milenios
en las pinturas de las cuevas
de Combarelle o de Pont d’ Arc,
de Pech-Merle o de Altamira:

catedrales de sentidos ya perdidos
cuando los dioses, esos seres tan otros,
nos dejaron porque nos creímos cercanos,
hasta señores y superiores a sus mamuts
a sus renos, venados y leones.


Del libro Fugaz lagartija publicado por Kálathos en el 2024 quiero leer un breve poema que creo ilustra bien estos movimientos, estos traslados y mudanzas de poema a traducción a metáfora a imagen que han marcado mi periplo fuera de mi país y dentro de la poesía.

Potros y no patrias

Mi maestro prefería
ser cometa y no profeta.

Yo, tanto más
precaria y fugaz,

prefiero hablar de potros
cuando pienso en patrias.

Son más preciosos
Y menos salvajes.

Leo dos poemas más de la fugaz lagartija:

Arte es lo que queda
de una religión en ruinas,
creí entender alguna vez.

En esta escritura
no hay arte ni forma
de creencia o entendimiento.

Quizás algo de esperanza
en encontrar la fuite,
fugaz lagartija o su sentido.

* * *


Por miles y miles en miles de años
han migrado las aves
ante las heladas
animando las rezagadas:
no lloren, aún con el viento
En contra volaremos,
Y aparecerá polluela
la esperanza.


Del libro Lo animal si poema, este aquí, el premiado por maravillas de la vida, o más bien, por haber encontrado a sus lectores, la metáfora animal se concreta como escritura, y las traducciones intentan acercarse a lenguas aún más lejanas e incomprensibles.

Quiero leer uno de los epígrafes que abren el libro, que creo resume muy bien esta deriva: «Solo ante las figuras y voces animales podemos seguir siento realmente humanos.» La frase es, otra vez, de Elias Canetti.

Comienzo con un poema que recoge la definición aristotélica de lo humano:

Zoon politikon

¿Cuál sería mi más propio adjetivo si pasan los años y mis palabras vagan por mares diversos?

¿Decir lobo, león, elefante o también vaca, sirena, raya, pájaro en prosa cambia tanto si el sustantivo lleva un adjetivo?

Pero entonces digo: Lobo de mar, león, elefante marino, manatí sirena, mácula manta, pedestre pingüino.

Más que decir mujer de género u oficio o lenguas varias debería comenzar de nuevo por el sustantivo.

Es que no es fácil precisar lo animal de la identidad sin adjetivo.

Postdata:
Pausada nada la tortuga, ojalá sepa regresar a su playa, su infancia o poema.

La risa del cocodrilo

De niña me fascinaban los cocodrilos, sonrientes.
Después vi uno enorme en un hato, de Apure, hoy destruido.

Y no por pantano, no por miasma o por peste de vago espanto.
Y así, prefiero la risa, más que lágrimas o blancas mentiras:

avisa con todos sus dientes: ¡peligro! y deja ver desde la distancia
la crueldad de lo sucedido.


Le di la palabra o dejé paso a un pequeño erizo, una cría de erizo, quizás, ante la cuestión:
¿Qué es la poesía?
Jacques Derrida

Y quizás fuera de la belleza
de la espina la lección,
si no de ésta, de otras,
dejadas por erizos de paso
por sus desiertos caminos.



Pues el pensamiento del animal, si lo hay, depende de la poesía… Es la diferencia entre un saber filosófico y un pensamiento poético.
También Derrida

El erizo está ahí para representar la materialidad humilde, tierra a tierra, del poema y velar sobre una respuesta preocupada por escapar de las heideggerianas recuperaciones ontológicas de lo poético.
Elisabeth de Fontenay


Decir erizo, como Derrida, terreno,
para definir poema,
es metáfora, ciertamente,
es decir, literatura.
Decir que al poema lo aplastan en la calle,
ovillado, con las espinas hacia afuera
cual preguntas,
ciego ante la muerte, polifemo,
es volver a lo real, por lo pequeño.

Decir erizo poema es oír en lo indecible
lo hermano.

Mi erizo fue hace tiempo pereza,
país, metáfora, atropellada.


* * *



Nada sé de cantos de culebra sibilina,
de silbidos serpentinos.

Sin embargo,
las escamas que admiraba
en combinaciones de colores
de la anaconda en casa

me abrían figuras silentes
de recelosa incertidumbre
y desconfianza
y duda necesaria
entre verso y verso.
Cuidado:
también lo admirable
es alarmante.


No sé si la serpiente tiene rostro.
No puedo responder a esa pregunta.
Emmanuel Levinas


Que la rabia estuviese tan cerca
del miedo

no es que no se supiera,
claro.

Pero cuando grité hace poco
no sabía si era

por la furia o por ese
espanto

que oigo en mi animal
adentro.


El resentimiento es como beber un veneno y esperar que mate a tu enemigo.
Nelson Mandela

Y leo el poema cuyo último verso le da nombre al libro:

Ni siquiera

ahora me es fácil
distinguir el llanto de un bebé
del llamado de un gato en la calle.

Apenas recién creo entender algo
de la primera infancia y un poco
de lo fraterno, lo tan ansiado,
lo animal si poema.


Como coda, quisiera terminar con algunos poemas inéditos, que existen en forma de poemas visuales hechos sobre cartones o cajitas de madera, pero no como libro.


Rana, pozo, apunte, poema

Cuando Basho, poeta peregrino escuchó el sonido,
¿era por la rana o el pozo
o los dos?

Siguió su estrecho camino hacia adentro
y la rana y el pozo se guardaron
en silencio, en lo blanco, en poema.

Pintura blanca es lo que queda aquí,
de la rana extinta y la tierra agrietada,
del pozo.

Pero sin este blanco antiguo o silencio
no podría apuntar lo peregrino del poema,
del pozo, de adentro.

Preguntas al espejo

Cuando a veces nos sentimos libres ¿es porque recordamos
algo del ocre animal pintado?

Cuando a veces sentimos como humanos ¿es porque intuimos
que la belleza está lejos, es de otros
y solo la caverna interna es pertenencia?



Dichosos los que miran como piedras,
más elocuentes que una piedra, porque la época es terrible.
Heberto Padilla


Que no muertas, aunque si caídas
estas hojas en desorden
han cambiado de colores.

Que así sean marcas de renovación,
metamorfosis de chanson
antes tan conocida.

Y también de retomados amores,
mas no repetidos,
sino en intermitentes trinos:

esa cosita rala, emplumada,
que oyera Emily como esperanza
pareciera escucharse de nuevo.


Verónica Jaffé Carbonell (Caracas, 1957) es poeta, ensayista, traductora y artista plástica venezolana. Estudió Letras en Caracas y obtuvo una maestría y un doctorado en literatura alemana en Múnich; ha sido profesora en la Universidad Simón Bolívar y en la Universidad Central de Venezuela, así como investigadora invitada en universidades de Estados Unidos y Europa. Ha trabajado como editora de revistas y proyectos editoriales, fundó el servicio de distribución de libros venezolanos Collibri y dirigió la plataforma digital laletra.info, dedicada a la traducción de literatura venezolana. Es autora de ensayos como El relato imposible (1991) y Metáforas y traducción (2004), y de una sostenida obra poética que incluye El arte de la pérdida (1991), El largo viaje a casa (1994), La versión de Ismena (2000), Sobre traducciones (2010), Friedrich Hölderlin: Cantos hespéricos (2016), De la metáfora, fluida (2019) y Fugaz lagartija (2024), además de traducir a autores como Gottfried Benn, Else Lasker-Schüler, Paul Celan e Ingeborg Bachmann. Su libro Lo animal si poema (2026) obtuvo el Premio Casa de América de Poesía Americana.

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